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España
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Reino de España |
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Bandera |
Escudo |
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Capital |
Madrid |
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Población |
3.229.600 (2006) |
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Coordenadas |
40°25' N 3°45' O |
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Mayor ciudad |
Madrid |
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Idiomas oficiales
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Español |
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Forma de gobierno
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Monarquía parlamentaria |
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Rey (Jefe de Estado) |
Juan Carlos I |
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Presidente del Gobierno |
José Luis Rodríguez Zapatero |
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Superficie |
504.645 km² |
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Población |
44.708.964 (INE 2006) |
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Densidad |
88,59 hab/km2 |
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PIB (nominal) |
Puesto 8º |
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Total (2005) |
US$ 1.123.691 millones |
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PIB per cápita |
US$ 27.767 |
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Moneda |
Euro (€, EUR) |
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Miembro de: |
UE, OTAN, ONU, OCDE, OSCE, UL |
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España, oficialmente el
Reino de España, es un país de Europa occidental constituido en monarquía
parlamentaria que ocupa algo más de cinco sextos de la península Ibérica,
dos archipiélagos situados, uno en el mar Mediterráneo (las islas Baleares)
y otro en el océano Atlántico (las islas Canarias), así como las plazas de
soberanía en el norte del continente africano (entre ellas las ciudades
autónomas de Ceuta y Melilla) y el enclave de Llivia en los Pirineos
franceses. Junto a otros veintiséis países europeos conforma la Unión
Europea (UE). Tiene una extensión de 504.645 km². La capital del país es
Madrid.
En su territorio peninsular comparte fronteras terrestres con Francia y con
el Principado de Andorra al norte, con Portugal al oeste y con la colonia
británica de Gibraltar al sur. En sus territorios africanos, comparte
fronteras terrestres y marítimas con Marruecos. Comparte con Francia la isla
de los Faisanes en la desembocadura del río Bidasoa y cinco facerías
pirenaicas.
Además, tiene otra serie de distritos y posesiones menores no continentales
como las islas Chafarinas, el peñón de Vélez de la Gomera y el peñón de
Alhucemas, todos frente a la costa africana. La isla de Alborán, las islas
Columbretes y una serie de islas e islotes frente a sus propias costas,
completan sus territorios.
Etimología
El nombre de España deriva de Hispania, nombre latino con el que los romanos
designaban toda la península y que a su vez tomaron del griego Hispanía,
nombre que ya usaba Artemidoro de Éfeso (Siglo I adC), autor del más antiguo
mapa de Occidente en el que se describe la Hispania romana pródigamente.
El origen del término Hispania sería fenicio, primera civilización no
ibérica que llegó a la península para expandir su comercio y que fundó,
entre otras, la ciudad más antigua de Occidente. De su idioma, el púnico, la
llamarían Isephanim, "Costa de conejos". Estos lepóridos son y eran animales
abundantes en Andalucía y de hecho en algunas monedas acuñadas en la época
de Adriano figuraban personificaciones de Hispania como una dama sentada y
con un conejo a sus pies.
Historia
Edad Antigua
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Teatro Romano de
Mérida |
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Los iberos fueron los
primeros pueblos de los que se tiene constancia escrita que ocuparon la
península Ibérica. Se sabe que había poblaciones preiberas, por restos
arqueológicos. Los griegos y fenicios fueron los que dejaron los primeros
escritos, aunque nunca entraron en contacto con ellos. Los vascones
entrarían en esta categoría.
Actualmente, se definen los iberos por sus rasgos culturales. Según este
criterio, los turdetanos o túrdulos, que ocuparon las tierras del antiguo
reino de Tartessos, se consideran iberos; mientras que, según criterios
etnográficos o lingüísticos, no lo serían. La bibliografía sobre los iberos
ofrece con frecuencia datos contradictorios y esto se debe a que, a veces,
se adopta un criterio y otras, otro.
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Castro celta del
norte de España |
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Sobre el año 1200 adC,
tribus celtas, incluyendo probablemente cántabros y astures, entraron en la
península por el Norte y se establecieron en gran parte de su territorio
asentándose y mezclándose con los iberos. Las poblaciones que ocupaban una
amplia franja entre estos dos pueblos se conocen como celtíberos. Parece ser
que las montañas en que vivían los vascones nunca fueron completamente
romanizadas, por lo que se considera el origen de esta población incierto, y
de seguro muy antiguo, como su lengua, barajándose la posibilidad de que se
tratase de una población preibérica. Muchos historiadores hoy en día
consideran que la vasconización fue tardía; los vascones habitarían la zona
de la actual Aquitania llegando a la península al final de la Edad Antigua,
ocupando el antiguo solar de los caristios y várdulos.
Alrededor del año 1100 adC, los fenicios llegaron a la península y fundaron,
80 años después de la guerra de Troya, Gadir, la Gades romana, que hoy es
Cádiz. Así lo afirma, por ejemplo, Veleyo Patérculo en Hist. Rom. 1:2,1-3.
Ello sitúa la fundación en el 1104 adC y la convierte en la ciudad de
Occidente de cuya fundación se tienen referencias más antiguas (teniendo
como referencia la fundación de Cartago sobre el siglo IX adC). A su vez los
griegos fundaron sus colonias en la costa mediterránea de Iberia, nombre que
dieron a la península.
Entre la primera y segunda de las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago, los
cartagineses invadieron la península. Sus colonias más importantes las
establecieron en la isla de Ibiza y en Cartagena, nombre que debiera hacer
referencia a la nueva Cartago y absorbieron otras ciudades inicialmente
fenicias como Cádiz o Málaga. Derrotada Cartago, Roma iniciaría una
paulatina ocupación de la península, que se prolongaría a lo largo de casi
200 años. En las primeras décadas de la ocupación los romanos tuvieron que
hacer frente al largo sitio de Numancia, ciudad celtíbera ubicada en las
orillas del Duero, en las proximidades de la actual Soria, que se
prolongaría por casi 30 años, y a la guerra de guerrillas planteada por el
caudillo lusitano Viriato. Tras la muerte de Viriato (139 adC), la lucha de
los pueblos prerromanos contra Roma se volvería más disgregada y esporádica,
aunque no finalizaría totalmente hasta los tiempos del emperador Augusto con
el sometimiento de cántabros y astures. La ocupación culminaría con el pleno
dominio de la península bajo el poder romano y su conversión en provincia
bajo el nombre de Hispania. El nombre de Hispania deriva de Ispania y este a
su vez probablemente de una palabra púnica, con el significado de tierra de
conejos, aunque hay otras posibilidades. Por primera vez aparece con sentido
histórico en Tito Livio 59 adC, que habla de Hispania y de hispani
(hispanos, con sentido unitario).
Los habitantes de Hispania adoptaron la cultura romana, su lengua y sus
leyes, adquiriendo gran importancia dentro del imperio, puesto que incluso
tres emperadores romanos, Trajano, Adriano y Teodosio, además del filósofo
Lucio Anneo Séneca y otros personajes importantes, nacieron en la península.
Edad Media
En el año 409, tribus germanas de suevos, alanos y vándalos invadieron la
península Ibérica. Pocos años después, en el 416, otra tribu germánica, los
visigodos, entraron en Hispania como aliados de Roma, expulsando a alanos y
vándalos y arrinconando a los suevos en la Gallaecia. Los visigodos
establecerían un reinado que perduraría hasta principios del siglo VIII, del
cual destaca fundamentalmente la conversión de los visigodos del arrianismo
al catolicismo y las luchas contra los suevos (cuyo reino conquistaron a
finales del siglo VI), los bizantinos, los francos y los vascones. El
carácter electivo de la monarquía visigótica determinó casi siempre una
enorme inestabilidad política caracterizada por continuas rebeliones y
asesinatos.
En el año 689 los árabes llegan al África más noroccidental. El año 711,
tras la victoria de los árabes frente a los godos en la Batalla de Guadalete,
se inició la invasión musulmana de la península Ibérica, convirtiéndose ésta
en un emirato, o provincia del imperio árabe llamada al-Ándalus, con capital
en la ciudad de Córdoba.
El avance musulmán fue rápido. En el 712 cayó Toledo, la capital visigoda.
Desde entonces, fueron avanzando hacia el norte, y todas las ciudades fueron
capitulando o conquistadas. En el 716 controlaban toda la península, aunque
en el norte era más bien nominal que militar. A partir de entonces,
dirigieron sus esfuerzos hacia el otro lado de los Pirineos, contra el reino
Carolingio. Esto permitió revueltas en la poco controlada zona noroeste de
la península.
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La Muralla de
Ávila, construida en la Edad Media |
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Después de la caída del
Reino Visigodo la península quedó dominada hasta la cordillera Cantábrica,
donde estaban los pueblos astures, cántabros y vascones, escasamente
sometidos al reino godo; y dada su escasa importancia, no sufrieron
demasiado la presión del Islam, que había sustituido en la península Ibérica
al poder ejercido por el reino godo. Muchos de los señores godos o
hispano-romanos se convirtieron al Islam, conservaron sus posiciones y
poder.
En el año 718 en la actual Asturias un noble llamado Pelayo se subleva
contra los musulmanes. La sublevación fracasa y es detenido. Hacia el 722
vuelve a intentarlo y tiene lugar lo que la historiografía denominó la
Batalla de Covadonga, donde Pelayo y un grupo de astures y, según la
tradición, nobles visigodos, vencieron a una expedición de castigo
musulmana. Este hito sirvió para marcar el momento de fundación del Reino de
Asturias y dar inicio al período conocido como la Reconquista, entendido
como el restablecimiento del poderío cristiano en la península Ibérica.
En la parte nororiental de la península y en la Septimania goda, los godos
que habían huido al reino de los Francos pidieron ayuda a estos. Así
Carlomagno emprendió una serie de campañas militares con la intención de
establecer un territorio de distensión militar, más conocido como Marca. La
Marca Hispánica se constituyó a principios del siglo IX para evitar la
penetración de los musulmanes en el territorio del Reino de los Francos. Así
fue como los francos dividieron ese territorio en diversos condados, donde
señores feudales de origen franco o godo representaban al rey de los
francos; teniendo, por tanto, un desarrollo algo diferente al que
experimentaron los reinos cristianos ibéricos occidentales. Estos condados
en pleno proceso de feudalización se emanciparían de facto del dominio
franco después de la crisis carolingia del siglo IX, al empezar a
transmitirse hereditariamente los condados; si bien, hasta 988, los condes
de Barcelona renovaron el pacto de vasallaje con los reyes francos.
Los siglos VIII y IX significarían un creciente poderío musulmán en la
península, a pesar de la oposición los núcleos cristianos del norte. A fines
del siglo VIII, el omeya Abderramán I, huido de Siria, hace de al-Andalus,
en lo político, un emirato independiente del Califato de Damasco.
En el siglo X, Abderramán III convierte al-Ándalus en califato independiente
de Damasco, ya con autonomía religiosa y no sólo política, como hasta
entonces. Es una época de pujanza cultural, gracias a las innovaciones en
las ciencias, las artes y las letras; con una especial atención que
dedicaron al desarrollo de las ciudades. Las ciudades más importantes fueron
Valencia, Zaragoza, Toledo, Sevilla y Córdoba. Ésta, durante el siglo X, con
al-Hakam II, llegó a ser la mayor ciudad de Europa Occidental, contando con
500.000 habitantes y mayor centro cultural de la época. Sin embargo, la
decadencia llegó en el siglo XI, cuando comenzaron las pugnas entre las
distintas familias reales musulmanas y el califato se desmembró en un
mosaico de pequeños reinos, llamados de taifas.
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Interior de la
Mezquita-Catedral de Córdoba |
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Mientras tanto, cerca de
los Pirineos aparecieron otros dos reinos cristianos: Navarra y Aragón. Al
avanzar la expansión cristiana por la península, el que hasta entonces había
sido Reino de Asturias, con su capital fijada en Oviedo desde el reinado de
Alfonso II "el Casto", se transformó en Reino de León en 910 con García I al
repartir Alfonso III "el Magno" sus territorios entre sus hijos. Años
después, en 914, muerto el rey, sube al trono Ordoño II, que aglutina bajo
su corona a los territorios de Galicia, Asturias y León, fijando
definitivamente en esta ciudad su capital y confirmando su supremacía como
Reino de León.
El avance de las conquistas hacia el sur y la aglutinación en torno a León
de un territorio cada vez más amplio trae consigo el nacimiento de «subunidades»
territoriales en su interior: es el caso del Castilla. Este será adquirido
por el rey Sancho III "el Mayor", que lo dejará a su muerte en herencia a su
hijo Fernando. Casado este con la hija del rey leonés, formará una coalición
navarro-castellana que, tras una guerra y el asesinato del rey de León
logrará usurpar el trono de éste. Sin embargo, a su muerte los territorios
vuelven a ser repartidos entre sus hijos: son el Reino de León, el Reino de
Galicia, Castilla, que también adquiere el rango regio y Zamora. A lo largo
de los siglos siguientes, estos territorios pasarán a manos del mismo o de
distintos monarcas en sucesivas ocasiones, circunstancia que nunca supuso,
sin embargo, que ninguno de ellos perdiera su identidad como tal (es decir,
el rey que aglutinaba bajo su corona todos estos territorios se titulaba
"Rey de León, de Castilla, de Galicia... añadiendo sucesivamente los de los
nuevos territorios que se iban conquistando). Asimismo, nacerá de León otra
unidad territorial de gran trascendencia posterior: Portugal, que se
constituirá como reino. Cabe señalar, por último, como uno de los momentos
más destacados los reinados de Alfonso VI y Alfonso VII en León: estos
elevaron al reino a la categoría de Imperio, confirmado por la autoridad
pontificia, al rendirle pleitesía reyes de toda la península Ibérica y del
sur de Francia.
El devenir de los reinos cristianos peninsulares en las décadas siguientes
pasará por la constitución de cuatro unidades monárquicas: la denominada
Corona de Castilla, concepto que implica la existencia de un solo monarca
sobre diversos y distintos reinos (León y la propia Castilla, además de
Galicia y otros); la Corona de Aragón, que se había constituido mediante la
unión dinástica en 1150 del Reino de Aragón y el Condado de Barcelona; el
Reino de Navarra y el Reino de Portugal. Así como toda una serie de reinos
de Taifa musulmanes.
En el siglo XIII, la Corona de Castilla, la más pujante de las hispánicas,
amplió sus dominios hacia el sur peninsular, mientras que la Corona de
Aragón añadiría los reinos de Valencia y de Mallorca con el Rey Jaime I el
Conquistador, y posteriormente formarían parte de esta Corona: Cerdeña,
Sicilia y otros territorios del Oriente mediterráneo.
A finales de este periodo, 1402, y en competencia con Portugal la Corona de
Castilla inició la Conquista de las islas Canarias hasta entonces habitadas
exclusivamente por los guanches, la ocupación inicial fue llevada a cabo por
parte de señores normandos que rendían vasallaje al rey Enrique III de
Castilla. Este proceso de conquista no concluirá hasta 1496 y será culminado
por la propia acción de la corona castellana.
Mientras en la Corona de Aragón, como resultado de la gran mortandad
provocada por la epidemia de la Gran Peste de 1348, así como de las malas
cosechas, que empezaron con el ciclo de 1333 («lo mal any primer»),
provocaron una gran inestabilidad tanto social, como económica. A la muerte
del Rey Martín I el Humano (1410), los representantes de los Reinos que
constituían la Corona de Aragón, eligieron en el Compromiso de Caspe a
Fernando de Antequera, de la castellana Casa de Trastámara como futuro rey
Fernando I en quien recaían por herencia materna los derechos dinásticos. A
pesar de una revuelta protagonizada por el Conde de Urgel, Fernando I fue
coronado y comenzó el reinado de los Trastámara en la Corona de Aragón.
Después de la expansión por el Reino de Nápoles, en el periodo de Alfonso V,
la Corona de Aragón sufrió una profunda crisis provocadas por las disputas
entre Juan II, hijo de Fernando de Antequera, y la Generalidad y el Consell
de Cent («Consejo de Ciento »), debida a la detención de su hijo y heredero
Carlos de Viana, así como por las tensiones de las clases sociales entre la
Busca y la Biga y las revueltas de los campesinos de "Remensa" que
coincidieron con la Guerra Civil Catalana (1462 - 1472) acabaron de
debilitar a la ya débil Corona aragonesa. Con la subida al trono de Fernando
el Católico, segundo hijo y heredero de Juan II, (1479) las tensiones
sociales se redujeron, con la firma de la Sentencia Arbitral de Guadalupe
(1486) se asentó una nueva estructura en el campo catalán para acabar con la
conflictividad del medio rural.
Edad Moderna
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Monumento a
Colón, en Madrid |
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Al final de la Edad Media,
con el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, estas dos
coronas peninsulares se aliaron, conquistando el reino musulmán de Granada
en 1492 y, posteriormente, el de Navarra en 1512 que continuó siendo un
reino, acuñando moneda propia y con aduanas en el río Ebro hasta las guerras
carlistas del siglo XIX. Los reyes navarros se refugiaron en sus posesiones
allende de los Pirineos y posteriormente se convertirían en reyes de
Francia.
También comenzaron una política matrimonial con Portugal que culminó en
1580, cuando Felipe II de España subió a su trono, uniendo por última vez
bajo un mismo soberano toda la península Ibérica.
En 1492, se decreta la expulsión de los judíos que no hubiesen aceptado la
conversión al cristianismo, imitando a Felipe IV de Francia. Cristóbal
Colón, en nombre de los Reyes Católicos, llega, por primera vez, a América
con sus naves. Empieza la carrera por la exploración y conquista de las
tierras americanas, a la que se unirían posteriormente otros países como
Portugal, Francia e Inglaterra comenzando la colonización europea de
América. La Monarquía Española se convierte, en un proceso iniciado al final
de la Reconquista, en la nación más poderosa e influyente del mundo. Durante
el reinado de los Reyes Católicos se inicia también una tímida expansión
norteafricana, conquistándose varias ciudades, entre ellas Melilla (1497).
Tras la muerte de Isabel la Católica, en 1504, su hija Juana la sucede en el
trono de Castilla. Juana estaba casada con Felipe I, al que llamaron el
Hermoso, hijo del Archiduque de Austria y Emperador del Sacro Imperio
Romano-Germánico. Felipe muere muy joven y a Juana se la incapacita por
loca.
Su hijo Carlos I de España hereda las Coronas de Castilla y Aragón, además
del sacro Imperio Romano-Germánico y las posesiones de la Casa de Borgoña.
En su madurez, decide retirarse a la vida religiosa recluyéndose en el
Monasterio de Yuste (Cáceres) en 1556. Su hijo Felipe II hereda la Corona de
España con todas sus posesiones y su hermano Fernando I de Habsburgo el
Sacro Imperio Romano-Germánico.
Felipe II de España se corona rey de Portugal en 1580 con el nombre de
Felipe I de Portugal. El ordinal «segundo» lo mantuvo para respetar la vía
castellana (Felipe I de Castilla fue Felipe el Hermoso). Durante su reinado
se producen la gran victoria de Lepanto en 1571 con la que se consiguió
frenar la expansión de los turcos en el Mediterráneo y la desastrosa
aventura de la Grande y Felicísima Armada en 1588.
España, y en mayor medida Castilla, dada la prohibición de comercio para la
Corona de Aragón, sigue prosperando bajo la dinastía Habsburgo, gracias al
comercio con las colonias americanas; pero al mismo tiempo sostiene guerras
contra Francia, Inglaterra y las Provincias Unidas.
Cuando el último rey de la dinastía de los Habsburgo, Carlos II de España,
murió sin descendencia; Felipe de Borbón, sobrino nieto de Carlos II y nieto
del rey de Francia, Luis XIV, le sucedió en el trono con el nombre de Felipe
V de España, siendo aceptado y jurado por todos los territorios de España. A
los pocos años de reinado, se produce la Guerra de Sucesión Española.
Entre 1707 y 1716, los Decretos de Nueva Planta de Felipe V suprimen o
reducen los fueros y costumbres de los reinos y territorios que habían
luchado contra él en la Guerra de Sucesión.
Algunos quieren ver en estos decretos una unificación legal de España, pero,
por un lado, los decretos, al ser diferentes para Valencia, Aragón (donde
primero fue igual que el de Valencia, pero luego fue modificado), Baleares y
Cataluña, afectaron de forma diferente a cada territorio, y además, tanto
Navarra como las Provincias Vascongadas y el Valle de Arán, que no habían
faltado a su juramento de lealtad a Felipe V, siguieron manteniendo sus
fueros. En 1713, España firma el Tratado de Utrecht con el que pierde sus
posesiones europeas y, por tanto, deja de ser la primera potencia mundial.
El resto del siglo XVIII, fue el siglo de la Ilustración. Fernando VI y
Carlos III, hijos y sucesores de Felipe V, hacen una política de renovación
que modernizó España, en lo que se conoce como Despotismo Ilustrado. En este
siglo, si bien España continúa siendo una importante potencia, Francia y el
Reino Unido pasan a ocupar un protagonismo cada vez mayor en el escenario
internacional.
Edad Contemporánea
La edad contemporánea no empezó muy bien para España, en 1805, en la Batalla
de Trafalgar la escuadra hispano-francesa fue derrotada ante Gran Bretaña,
con lo que significa el fin de la supremacía española en los mares mundiales
a favor de Gran Bretaña, mientras Napoleón que había tomado el poder tras
triunfar la Revolución Francesa, aprovechando las disputas entre Carlos IV y
su hijo Fernando, ordenó el envío de su ejército contra España en 1808,
imponiendo a su hermano José I en el trono. Ello ocasiona la Guerra de la
Independencia Española, que duraría 5 años. En ese tiempo se elaboró la
primera Constitución española, y una de las primeras del mundo, en las
denominadas Cortes de Cádiz. Fue promulgada el 19 de marzo de 1812,
festividad de S. José, por lo que popularmente se la conocía como La Pepa.
Tras la derrota de las tropas de Napoleón en la batalla de Vitoria en 1813;
Fernando VII vuelve al trono de España. Deroga la Constitución y persigue a
los liberales constitucionalistas, dando comienzo a un rígido absolutismo.
Durante su reinado se independizaron las principales posesiones españolas en
América luego de varias insurrecciones indígenas, criollas y negras, y la
Guerra de Independencia Hispanoamericana (1809-1824). Esta última fue un
conflicto bélico de alcance continental, impulsado por las élites criollas y
mestizas, y en algunos casos indígenas, con líderes como los libertadores
Bolívar y San Martín, a la que la Batalla de Ayacucho puso término. A pesar
de los esfuerzos realizados por España para derrotar los movimientos
independentistas, al concluir el reinado, del antiguo imperio ultramarino
tan solo quedan Cuba, Filipinas y Puerto Rico.
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La Reina Isabel
II |
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La muerte
de Fernando VII abre un periodo de fuerte inestabilidad política y
económica, su hermano Carlos María Isidro se rebela contra la designación de
su hija Isabel II como heredera, previa derogación de la Ley Sálica de la
dinastía Borbón, que impedía la sucesión real de mujeres, en contra de la
secular tradición española estallando la Primera Guerra Carlista. El Reinado
de Isabel II se caracteriza por la alternancia en el poder de progresistas y
moderados si bien esta alternancia se motiva más por pronunciamientos
militares de ambos signos que por una pacífica cesión del poder en función
de los resultados electorales.
La revolución de 1868, denominada La gloriosa, obligó a Isabel II a
abandonar España. Se convocaron Cortes Constituyentes que se pronunciaron
por el régimen monárquico y, a iniciativa del General Prim, se ofrece la
corona a Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia. Su reinado fue breve por
el cansancio provocado por los políticos del momento y el rechazo de
importantes sectores de la sociedad. Se proclamó la I República, que tampoco
gozó de larga vida, aunque sí muy agitada: en once meses tuvo cuatro
presidentes (Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar); durante este
convulso periodo se produjeron graves tensiones territoriales llegándose a
producir fenómenos tan pintorescos como la declaración de la ciudad de
Cartagena como "Cantón independiente" y finalizó con los pronunciamientos de
los generales Martínez Campos y Manuel Pavía, que disolvió el Parlamento.
La Restauración proclama rey a Alfonso XII, hijo de Isabel II. España
experimenta una gran estabilidad política debida al sistema de gobierno
preconizado por el político conservador Antonio Cánovas del Castillo. Se
basa en el turno de los partidos Conservador (Cánovas del Castillo) y
Liberal (Sagasta) en el gobierno. En 1885 murió Alfonso XII y se encargó la
regencia a su viuda María Cristina, hasta la mayoría de edad de su hijo
Alfonso XIII, nacido tras la muerte de su padre. La rebelión independentista
de Cuba en 1895 induce a los Estados Unidos a intervenir en la zona y, tras
el confuso incidente de la explosión del acorazado Maine el 15 de febrero de
1898 en el puerto de La Habana, declara la guerra a España. Con la derrota,
España perdió sus últimas colonias (Cuba, Filipinas, Guaján y Puerto Rico)
en ultramar.
Siglo XX
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El Rey Alfonso
XIII |
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El siglo XX comienza con una gran crisis económica y la subsiguiente
inestabilidad política. Hay un paréntesis de prosperidad comercial,
propiciado por la neutralidad española en la Primera Guerra Mundial. La
sucesión de crisis gubernamentales, la marcha desfavorable de la guerra en
el Rif, la agitación social y el descontento de parte del ejército,
desembocan en el Golpe de Estado del general Primo de Rivera, el 13 de
septiembre de 1923. Estableció una dictadura militar que fue aceptada por
gran parte de las fuerzas sociales y por el propio rey Alfonso XIII.
Durante la dictadura se suprimen libertades y derechos.
La difícil coyuntura económica y el crecimiento de los partidos republicanos
hace la situación cada vez más insostenible. En 1930, Primo de Rivera
presenta su dimisión al rey y marcha a París, donde muere al poco tiempo. Le
sucedió en la jefatura del Directorio el general, Dámaso Berenguer; y,
después, por breve tiempo, el almirante Aznar. Este período fue denominado
Dictablanda.
Decidido a devolver la soberanía al pueblo y restablecer la Constitución, el
Rey propicia la celebración de elecciones municipales del 12 de abril de
1931, éstas dieron la victoria a las candidaturas republicanas en las
grandes ciudades, aunque el cómputo general invertía ese resultado. Hubo
revueltas organizadas exigiendo la instauración de la Republica, lo que
lleva al rey a abandonar el país. Una vez el rey abandona sus obligaciones
se proclama la II República el 14 de abril.
Durante la República se produce una gran agitación política y social,
marcada por una acusada radicalización de izquierdas y derechas. Los líderes
moderados son boicoteados y cada parte pretende crear una España a su
medida. Durante los dos primeros años, gobierna una coalición de partidos
republicanos y socialistas. En las elecciones celebradas en 1933, triunfan
las derechas y en 1936, las izquierdas. La creciente ola de violencia
incluye quema de iglesias, la sublevación monárquica de Sanjurjo, la
revolución de 1934 y numerosos atentados contra líderes rivales.
El 17 de julio se sublevan las guarniciones del África Española, dando
comienzo la Guerra Civil. España queda dividida en dos zonas: una bajo la
autoridad del gobierno republicano y otra controlada por los sublevados, en
la que el general Francisco Franco sería nombrado Jefe de Estado. El apoyo
alemán e italiano a los sublevados, mucho más firme que el soporte de la
Unión Soviética y México a la España republicana, y los continuos
enfrentamientos entre las facciones republicanas, permitieron la victoria de
los sublevados el 1 de abril de 1939.
La victoria del general Franco supuso la instauración de un régimen
autoritario. El desarrollo de una fuerte represión sobre los vencidos,
obligó al exilio a miles de españoles y condenó a otros tantos a la muerte o
al internamiento en campos de trabajo. A pesar de que Franco mantuvo al país
neutral en la II Guerra Mundial, su no disimulado apoyo a las potencias del
Eje, condujo a un aislamiento internacional de carácter político y
económico. No obstante, los condicionamientos de la guerra fría entre
Estados Unidos y la Unión Soviética hacen que el régimen franquista sea
tolerado por las potencias occidentales y finalmente reconocido por las
mismas con lo finaliza el aislamiento. Se firman acuerdos con Estados Unidos
permitiendo la instalación de bases militares conjuntas
hispano-norteamericanas en España. En 1956, Marruecos, que había sido
protectorado español y francés, adquiere su independencia y se pone en
marcha un plan de estabilización económica del país. En 1969, Franco nombra
a Juan Carlos de Borbón, nieto de Alfonso XIII, príncipe de España, su
sucesor a título de Rey. A pesar de que el régimen mantuvo una férrea
represión contra cualquier oposición política, el desarrollo industrial y
económico español resultó muy importante durante la dictadura.
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El Rey Juan Carlos
I |
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El dictador murió en 1975. Juan Carlos I es proclamado
rey. Se abre un periodo conocido como Transición. Culminará con el
establecimiento de una Monarquía Constitucional en 1978, después de la
renuncia a sus derechos históricos realizada por D. Juan de Borbón, padre
del rey. Tras las primeras elecciones democráticas, Adolfo Suárez, del
partido Unión de Centro Democrático (centro-derecha), fue elegido presidente
de Gobierno. Lleva a cabo importantes reformas políticas e inicia las
negociaciones para la entrada de España en la Comunidad Económica Europea.
Dimite en 1981. Durante este periodo la banda terrorista vasca ETA comete un
gran número de atentados, especialmente contra miembros del ejército y de
las fuerzas de seguridad, así como otros de carácter indiscriminado. En la
misma ceremonia de investidura del sucesor de Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo
(UCD), el 23 de febrero (23-F), tuvo lugar un intento de golpe de Estado
promovido por varios altos mandos militares. El Congreso de Diputados es
tomado por el teniente coronel, Tejero. El intento fue abortado el mismo
día, teniendo lugar la intervención del Rey Juan Carlos en defensa del orden
constitucional. En 1981 se firma en Bruselas el protocolo de adhesión a la
OTAN, dando inicio al proceso de integración en la Alianza que termina en la
primavera de 1982, durante el gobierno de UCD.
En las elecciones siguientes (1982), venció el Partido
Socialista Obrero Español, con Felipe González como presidente de gobierno.
Se mantendría en el poder durante las tres siguientes legislaturas. En 1985,
España en 1986 se une a la, entonces, Comunidad Económica Europea. En 1992,
España aparece de forma llamativa en el escenario internacional con la
celebración de los Juegos Olímpicos en Barcelona, la declaración de Madrid
como Ciudad Cultural Europea y la celebración en Sevilla de la Exposición
Universal EXPO 92. Las elecciones de 1996 dieron la victoria al Partido
Popular, con José María Aznar como presidente, cargo que ejerció hasta las
elecciones generales de 2004.
Siglo XXI
El siglo XXI empieza con los efectos del 11 de septiembre de 2001, que
llevaron a España a implicarse en dos conflictos: la ocupación de Afganistán
y la invasión de Irak. Este último conflicto y el atentado de al-Qaeda en
Madrid provocaron un distanciamiento entre el gobierno y gran parte de la
opinión pública española. Todo ello desembocó en el cambio de gobierno, tras
las elecciones democráticas del 14 de marzo de 2004.
El euro, moneda oficial en la llamada «Zona Euro» de Europa desde 1999, se
convirtió en la moneda de cambio oficial el 1 de enero de 2002, reemplazando
a la peseta. Los ciudadanos lo empezaron a usar en la vida cotidiana, a
pesar de las protestas por la subida encubierta de los precios que supuso
este cambio de moneda.
En los últimos diez años España ha recibido a una gran cantidad de
inmigrantes de países hispanoamericanos como Ecuador, Colombia, Argentina,
Bolivia, Perú, República Dominicana o Venezuela, así como de diferentes
zonas de África y Europa. El fuerte crecimiento económico de tipo expansivo
que ha presentado el país desde 1993 ha requerido una gran cantidad de mano
de obra; en la actualidad, España se sitúa como la octava mayor economía del
mundo.
Al término de la segunda legislatura de gobierno del Partido Popular, hubo
un gran atentado terrorista: el del 11 de marzo de 2004 (reivindicado por
al-Qaeda) contra trenes de cercanías en Madrid. Se cobró la vida de 191
personas. Tras este atentado, el país vivió unos días de gran movilización
ciudadana, con acusaciones cruzadas en referencia a estos hechos entre el
partido que apoyaba al gobierno de ese momento y los demás partidos del arco
parlamentario. Polémica que aún hoy permanece activa.
El Partido Socialista Obrero Español ganó las elecciones del 14 de marzo de
2004, convirtiéndose José Luis Rodríguez Zapatero en el quinto presidente
del gobierno de la democracia. Con Zapatero como presidente del gobierno y,
atendiendo a su compromiso electoral, se retiran las tropas que permanecían
en Irak. Ello ocasiona un considerable enfriamiento de las relaciones
diplomáticas con los Estados Unidos. Se firma la Constitución Europea y se
realiza el referéndum de la Constitución Europea, en el que los ciudadanos
españoles aprueban el tratado. También se aprueba el matrimonio homosexual,
entre otras reformas de carácter social prometidas en el programa de
electoral de los socialistas. Estas reformas han situado a España a la
vanguardia en políticas progresistas. El miércoles 22 de marzo de 2006 la
organización terrorista ETA anunció su segundo alto al fuego, roto el sábado
30 de diciembre de ese mismo año con la colocación de una furgoneta bomba y
el asesinato de dos personas provocado por ella en la terminal 4 del
Aeropuerto de Barajas.
Gobierno
y Política
España es una monarquía
constitucional, con un monarca hereditario que ejerce como Jefe de Estado
–el Rey de España–, y un parlamento bicameral, las Cortes Generales.
División de poderes
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José Luis
Rodríguez Zapatero es el actual Presidente del Gobierno de
España |
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El poder ejecutivo lo forma
un Consejo de Ministros presidido por el Presidente del Gobierno, que ejerce
como Jefe de Gobierno. Es el monarca quien propone al Presidente del
Gobierno tras las elecciones generales y quien lo mantiene en el cargo
mientras conserve la confianza del Congreso de los Diputados.
El poder legislativo se establece en las Cortes Generales, que son el órgano
supremo de representación del pueblo español. Las Cortes Generales se
componen de una cámara baja, el Congreso de los Diputados, y una cámara
alta, el Senado. El Congreso de los Diputados cuenta con 350 miembros
elegidos por votación popular, en listas cerradas y mediante representación
proporcional elegidos por circunscripciones provinciales, para servir en
legislaturas de cuatro años. El sistema no es absolutamente proporcional
puesto que existe un número mínimo de escaños por circunscripción y se usa
un sistema proporcional levemente corregido para favorecer las listas
mayoritarias (la Sistema d'Hondt). El Senado cuenta actualmente con 259
escaños, de los cuales 208 son elegidos directamente mediante voto popular
,por circunscripciones provinciales, en cada una de las cuales se eligen 4
senadores, siguiendo un sistema mayoritario (3 para la lista mayoritaria, 1
para la siguiente), excepto en las islas, Baleares y Canarias (en los que la
circunscripción es la isla) y los otros 51 son designados por los órganos
regionales para servir, también, por periodos de cuatro años.
El poder judicial está formado por el conjunto de Juzgados y Tribunales,
integrado por Jueces y Magistrados, que tienen la potestad de administrar
justicia en nombre del Rey (véase Poder Judicial de España).
Estado de Autonomías
España es en la actualidad lo que se denomina un “Estado de Autonomías”, un
Estado formalmente unitario pero que funciona como una federación muy
descentralizada de comunidades autónomas, cada una de ellas con diferentes
niveles de autogobierno. Las diferencias dentro de este sistema se deben a
que el proceso de traspaso de competencias del centro a la periferia fue
pensado en un principio como un proceso asimétrico, que garantizase un mayor
grado de autogobierno sólo a aquellas comunidades que buscaban un tipo de
relación más federalista con el resto de España –comunidades autónomas de
régimen especial– (Andalucía, Comunidad Vasca, Cataluña, Galicia y Navarra).
Por otro lado, el resto de comunidades autónomas –comunidades autónomas de
régimen común– dispondría de un menor autogobierno. Sin embargo, a medida
que fueron pasando los años, estas comunidades fueron adquiriendo
gradualmente más competencias.
Hoy en día, España está considerada como uno de los estados europeos más
descentralizado (tras países plenamente federales como Alemania, Bélgica o
Suiza), ya que todos sus diferentes territorios administran de forma local
sus sistemas sanitarios y educativos, así como algunos aspectos del
presupuesto público; algunos de ellos, como el País Vasco y Navarra, además
administran su financiación pública sin casi contar (a excepción del cupo)
con la supervisión del gobierno central español; o, como en el caso de
Cataluña, Navarra y el País Vasco, están equipados con sus propios cuerpos
policiales, totalmente operativos y completamente autónomos que remplazan
las funciones de la Policía Nacional en estos territorios, salvo en Navarra
todavía en proceso de traspaso.
Organización político-administrativa
España es una nación
integrada por nacionalidades y regiones, organizadas territorialmente en 17
comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas, que tienen un amplio nivel de
autonomía, poderes legislativos, presupuestarios, administrativos y
ejecutivos en las competencias exclusivas que el Estado les garantiza a
través de la Constitución y de cada Estatuto de autonomía.
Cada comunidad autónoma se subdivide en una o varias provincias, haciendo un
total de 50.
Desde 2003 se ha adoptado la Nomenclatura de las Unidades Territoriales
Estadísticas, o unidades NUTS, de tres niveles, con fines meramente
estadísticos basados en las normativas europeas y fijados por el Eurostat.
Las 50 provincias españolas y las dos ciudades autónomas se encuentran
clasificadas en los niveles NUTS-3; las 17 comunidades autónomas se
encuentran clasificadas en los niveles NUTS-2; y para los niveles NUTS-1 se
han creado los grupos de comunidades autónomas.
Reclamaciones territoriales y
territorios en disputa
España reclama
históricamente la retrocesión de la colonia (actualmente Territorio
Británico de Ultramar) de Gibraltar, si bien se ha mostrado últimamente
favorable a fórmulas de soberanía compartida. La reclamación comenzó desde
el momento en que tropas angloholandesas tomaron la plaza en nombre del
Archiduque Carlos durante la Guerra de Sucesión Española (1704), pasando
posteriormente a manos británicas mediante el Tratado de Utrecht (1713). La
reclamación, que incluyó operaciones militares, fue particularmente intensa
durante el siglo XVIII, languideció durante el XIX y primera mitad del XX y
fue llevada por el gobierno franquista a Naciones Unidas durante la década
de 1960. Allí, encuadrada en los procesos descolonizadores, España obtuvo el
reconocimiento de su postura al reconocer las resoluciones al efecto (2231 y
2353) que el proceso descolonizador debía respetar el derecho a la
integridad territorial de España y que los intereses, y no los deseos de los
gibraltareños, debían ser respetados. Sin embargo, el gobierno británico
mantuvo que ninguna medida se tomaría sin la aprobación de los
gibraltareños, los cuales, invocando el derecho de autodeterminación, han
rechazado sostenida y contundentemente cualquier arreglo con España (primero
en 1967, rechazando cualquier posibilidad de pasar a soberanía española, con
12.138 en contra y 44 a favor, y posteriormente en 2002 rechazando el
acuerdo de soberanía compartida entre España y el Reino Unido con el 99% de
votos contrarios sobre una participación del 88%).
Por otra parte, Portugal no reconoce la soberanía española sobre la comarca
pacense de Olivenza (si bien no reclama activamente su soberanía), cedida
por Portugal a España mediante el tratado de Badajoz (1801). Las
resoluciones del Congreso de Viena son interpretadas de forma divergente por
ambos países. Mientras que Portugal estima que aquellas obligaban a España a
devolver Olivenza, España opina que se trata de una simple declaración de
buenos deseos, sin capacidad resolutiva, razón por la que Olivenza siguió
unida a España. Finalmente, España no reconoce las pretensiones de soberanía
de Portugal sobre las islas Salvajes.
También la soberanía sobre el deshabitado islote de Perejil es actualmente
disputada con Marruecos. Aunque desalojada tras el incidente de la isla
Perejil (2002), por acuerdo entre ambos países no se encuentra asentada allí
ninguna fuerza militar o policial, sin que ninguna de las partes haya
renunciado a sus pretensiones de soberanía. Por otra parte, Marruecos
reclama informalmente la cesión de los territorios de Ceuta y Melilla, así
como las denominadas plazas de soberanía (islas Chafarinas, peñón de
Alhucemas, peñón de Vélez de la Gomera), únicos territorios de la Unión
Europea (sin contar los ultraperiféricos) en el continente africano. Además,
algunos movimientos irredentistas en Marruecos, como el partido Istiqlal,
reclaman la inclusión en el denominado "Gran Marruecos" de las islas
Canarias.
Independentismo
Existen en España diversos
movimientos políticos de signo independentista, que reclaman la
independencia de España de los territorios en los que son activos. Estos
movimientos se dan en Cataluña (donde el independentismo es la ideología de
Esquerra Republicana de Catalunya) y en el País Vasco y Navarra, donde
partidos como Batasuna, Aralar o Eusko Alkartasuna son explícitamente
independentistas, en tanto que el Partido Nacionalista Vasco oscila entre
posturas autonomistas y abiertamente independentistas.
Geografía
Situada en Europa Occidental, ocupa la mayor parte de la península Ibérica
y, fuera de ella, dos archipiélagos (el de las islas Canarias en el océano
Atlántico y el de las islas Baleares en el mar Mediterráneo) y dos ciudades,
Ceuta y Melilla, en el norte de África.
En extensión territorial es el cuarto país de Europa, por detrás de Rusia
(el mayor, incluso si sólo se refiere al territorio contenido en Europa),
Ucrania y Francia, y el segundo de la Unión Europea.
Los límites físicos de España son los siguientes: al oeste, Portugal y el
océano Atlántico al oeste, el mar Mediterráneo al este, el estrecho de
Gibraltar al sur y los Pirineos, junto con el golfo de Vizcaya y el mar
Cantábrico al norte.
Sistemas montañosos
Los principales sistemas montañosos son: Pirineos, sistema Ibérico,
cordillera Cantábrica, sistema Central y cordilleras Béticas (Subbética y
Penibética)
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Pico |
Provincia |
metros |
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El Teide, en la isla
de Tenerife, es el punto más alto de España.Picos con mayor altitud
Pico Provincia metros |
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| Teide |
Sta. Cruz
de Tenerife |
3718 |
| Mulhacén |
Granada
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