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El "ganón"

2007-02-12 18:16:00 Visitas: 1833

Por: Ricardo Ravelo, Proceso 

Las medidas antinarcóticos implantadas por el presidente Felipe Calderón están librando de competidores al cártel de Sinaloa, con lo que le abre el camino para ser el beneficiario de la política antidrogas del gobierno federal. La razón: encabezados por El Chapo Guzmán, sus miembros son los más viejos en el negocio y menos proclives a la violencia. Además, dice el investigador en temas de narcotráfico Luis Astorga, debe considerarse que Calderón está buscando “convertirse en árbitro” y negociador de la guerra entre cárteles.

La imagen más reciente que la Procuraduría General de la República (PGR) tiene de Joaquín Guzmán Loera es un retrato en el que el narcotraficante sinaloense luce más rejuvenecido, luego de una cirugía plástica a la que se sometió.

A finales del sexenio pasado, al capo le recortaron las mejillas, le restiraron la piel y le desaparecieron las arrugas. De cara al nuevo sexenio, El Chapo no sólo se quitó algunos años; también hizo a un lado a varios de sus rivales en el negocio de las drogas y se apresta a ser el narcotraficante más poderoso.

Luis Astorga, especialista en problemas de narcotráfico y seguridad nacional del Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (IIS-UNAM), sostiene que el sinaloense encabeza “una coalición de bandas dedicadas al narcotráfico que, a diferencia de los miembros del cártel del Golfo, es más flexible y está menos burocratizada. Todas las piezas están aglutinadas alrededor de una figura que parece ser El Chapo Guzmán”.

Autor de El siglo de las drogas, Astorga no tiene duda de que serán los sinaloenses –El Chapo o cualquier otro miembro de su coalición– los que pueden alcanzar el liderazgo en el tráfico de drogas durante el sexenio de Felipe Calderón, entre otras razones porque, dice, ese grupo de narcotraficantes no sólo es el más viejo en el negocio, sino porque sus integrantes son menos proclives a la violencia.

El investigador, que desde hace varios lustros ha estudiado la evolución de los cárteles mexicanos, considera que la llamada coalición de narcotraficantes es una sola estructura con muchas ramificaciones. De hecho, explica, ésta funciona mediante acuerdos básicos que privilegian el negocio de las drogas y sus integrantes se alinean con un liderazgo que, según la propia PGR, es Guzmán Loera.

Explica: “La diferencia entre los cárteles del Golfo y de Sinaloa es que en este último no hay confrontación. Se privilegia más la lógica del negocio que el de la pugna o las luchas internas. Para el gobierno resulta más fácil tratar con grupos abiertos a la negociación que con los beligerantes”.

Lucha por la hegemonía

–¿Se modificó el mapa del narcotráfico con las extradiciones y con los operativos militares y policiacos –pregunta el reportero al investigador Astorga.

–Sí se modificó, en parte, porque la lucha del presidente Calderón es por recuperar el papel de árbitro que en el sexenio pasado perdió el Estado. El mensaje que manda al narcotráfico es muy claro: el sexenio de ausencia del Estado ya terminó y ahora viene el regreso del Estado como regulador del narcotráfico, que es una forma de contener la violencia.

“Con las extradiciones y los operativos se mueve el tinglado en el campo de las drogas. Los más golpeados, sin duda, pierden la posibilidad de confrontarse con la misma intensidad con sus rivales y con el Estado. Por eliminación, quien logre la hegemonía dentro del campo del narcotráfico, tendrá que negociar y ponerse bajo las órdenes del Estado, ahora que con Calderón al frente busca convertirse en árbitro, en el regulador que se había perdido”.

–¿Entonces el combate frontal contra el narcotráfico no va en serio con Calderón?

–Lo que tiene que quedar claro es que el negocio no se va acabar. Las extradiciones son simples válvulas de escape que el gobierno tiene para bajar la presión de la violencia. La matanza de Acapulco (en donde fueron ejecutadas siete personas el 6 de febrero) muestra que el gobierno todavía no está preparado para la reacción del crimen organizado, los operativos se muestran desprovistos de inteligencia. ¿Qué sigue? Los cárteles tienen tres opciones: dejar el negocio, confrontarse con el gobierno y negociar, y aceptar al Estado como árbitro.

“Las dos últimas son factibles, sobre todo porque dentro de la complejidad de las organizaciones criminales, donde se rompe la lógica, operan grupos que no están controlados y que están dispuestos, como pasó en Acapulco, a confrontarse. Esa postura radical es más bien característica del cártel del Golfo y de su grupo armado, Los Zetas.”

–¿Percibe riesgos en esta lucha del Ejército contra el narcotráfico desorganizado?

–Hay uno muy grave: que el Ejército pierda a sus mejores hombres y que se reproduzca el fenómeno de Los Zetas, como pasó a principios de los noventa, cuando Osiel Cárdenas decidió incorporar el paramilitarismo en el negocio de las drogas. Eso sería muy lamentable. El riesgo está latente si se insiste en seguir utilizando a las Fuerzas Armadas para estas tareas policiacas.

Luis Astorga reconoce que Guzmán Loera, aunque golpeado, sigue manteniendo su liderazgo. “Yo no sé si convenga a su grupo que él siga al frente, pero parece ser una figura todavía con poder como cabeza hegemónica, pues Guzmán Loera tiene una larga carrera en el tráfico de drogas y una posición de liderazgo que no existía –dice– desde la muerte de Amado Carrillo Fuentes.

“Con las medidas implementadas por el presidente Felipe Calderón –añade– no sólo se limpia al país de la competencia que estorba a los sinaloenses, sino que todo indica que se les abre el camino para ser los beneficiarios de la política antidrogas del gobierno federal.”

–¿Por qué?

–Insisto: son los más viejos en el negocio. Sus miembros vienen trabajando desde hace varios sexenios y en el campo del narcotráfico no parece haber quién tenga flexibilidad para alcanzar acuerdos. Para el Estado, retomar el papel de árbitro llevará todo el sexenio y sentar nuevas bases seguramente unos 20 años.

La extradición de los capos y los operativos contra el narcotráfico implantados por el gobierno de Calderón provocaron un fuerte impacto en el organigrama del narcotráfico en México: Fueron debilitados los cárteles de Tijuana y del Golfo con las extradiciones de sus principales cabecillas, no así el de Sinaloa, cuyo jefe, El Chapo, es de nueva cuenta el narcotraficante con mayor libertad que opera en el país al no enfrentar ninguna competencia en el tráfico de drogas.

Después de fugarse del penal de Puente Grande, Jalisco, el 19 de enero de 2001, de Guzmán Loera poco se sabe, aunque se convirtió en un personaje mítico. Existen múltiples historias sobre sus andanzas, sus mujeres y sus negocios. Durante la administración de Vicente Fox, la PGR desplegó al menos tres operativos especiales para capturarlo, pero no pudo detener al capo que la propia PGR, en voz de José Luis Santiago Vasconcelos, calificó como “el más inteligente” que opera en México.

En el diván

En su libro Máxima seguridad: Almoloya y Puente Grande, el periodista Julio Scherer García es quien traza el retrato más nítido de Guzmán Loera. Lo hace a partir de las palabras de Zulema Hernández, una de las amantes del sinaloense, y de las cartas de amor que ella recibía con frecuencia en vísperas de la fuga del capo.

Las palabras de Zulema brotan, en la entrevista con Scherer, como ráfagas y van pintando el atribulado mundo interior del jefe del cártel de Sinaloa. Scherer también pone al descubierto lo que llama “el veneno de la corrupción” que corrió en Puente Grande durante el encarcelamiento de El Chapo.

Narra el fundador de Proceso:

“… Durante el confinamiento de Joaquín El Chapo Guzmán, el veneno de la corrupción hizo de Puente Grande carroña vil. Millonario hasta la inconciencia, el narco asesino desquició el penal. Mujeres jóvenes y no tan jóvenes se adentraban en los dormitorios con la naturalidad de un cliente de burdel. El terror acompañó a la pudrición. Menudearon las golpizas y los insurrectos en los llamados ‘cuartos agitados’. Aún se ven las huellas de dolor en las paredes cubiertas por hule espuma mal lavado. A los renuentes también se les castigaba con la supresión de la visita familiar y del encuentro carnal. Del terror se encargaban nueve atletas sin alma. Los negros se llamaban, fúnebre su estampa…

“El Chapo Guzmán atendía a su esposa y a su amante, Zulema Hernández, interna con otras cinco mujeres en una prisión para hombres. Al calce de sus iniciales con mayúscula, ‘JGL’, enviaba a Zulema cartas de amor redactadas por mano ajena. Le decía mi amor, negrita, mi vida. ‘Me usaba, placentero’ –sonríe Zulema…”

De la historia del capo existen pocos documentos que, como los que muestra Scherer, profundicen en el lado humano del narcotraficante, un factor que no se incluye en los expedientes criminales.

En 1995, poco después de ser capturado en Guatemala acusado del asesinato del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, Guzmán Loera fue encerrado en el entonces penal de Almoloya de Juárez. En la prisión, El Chapo fue sometido a terapia psicológica y a estudios rigurosos para conocer su pensamiento y medir su peligrosidad. Los psicólogos del penal ahondaron en una parte de las oscuras cavidades mentales del capo. El diagnóstico, que forma parte del expediente al que este semanario tuvo acceso, expone:

Guzmán Loera Joaquín. Psicología. Diagnóstico inicial: comportamiento antisocial del adulto con fecha 15 de diciembre de 1995… Se instauró tratamiento. Su respuesta al encuadre fue favorable. Se le han otorgado sesenta y tres sesiones de asistencia psicológica en su modalidad individual. En el área de conductas especiales se percibe incremento a su tolerancia a la frustración (y) capacidad de demora. Aprendizaje de la experiencia y control de impulsos sugeridos.

...Denota apertura para hablar sobre su núcleo familiar secundario e interés por modificar si fuera necesario su forma de actuar. Experimenta responsabilidad por los hijos procreados con diferentes parejas. Se (ha ido) fortaleciendo su capacidad de introspección y discernimiento, además de intervenir en el mantenimiento de su estabilidad emocional. Conforme a las experiencias de vida que ha colectado a lo largo de sus años de reclusión, ha establecido proyectos de vida en los cuales se visualiza reorganizando su persona, familia y desarrollándose laboralmente en actividades agrícolas.

Aprendizaje

El Chapo Guzmán tuvo un maestro en el negocio del narcotráfico. Se llama Miguel Ángel Félix Gallardo, el capo al que se le atribuye el diseño de la nueva empresa criminal. Guzmán Loera fue su lugarteniente y heredero de un territorio –Baja California– del que fue echado por los sobrinos de Félix Gallardo: los hermanos Arellano Félix, jefes del cártel de Tijuana. Por eso entre Guzmán y los Arellano existe una guerra a muerte.

Guzmán Loera aprendió de Félix Gallardo. Recluido en el penal del Altiplano, “el maestro” también fue sometido a sesiones de psicoterapia para conocer su grado de peligrosidad. Su perfil psicológico traza la personalidad del exlíder del cártel del Pacífico, el jefe de jefes:

Comportamiento antisocial del adulto y trastorno narcisista de la personalidad... Se conduce con una imagen convencional y libre de conflictos denotando confianza en sí mismo y satisfacción con los logros alcanzados. En sus relaciones interpersonales se conduce con reserva, sin embargo, esto no dificulta la interacción social hacia las figuras de autoridad. Se conduce con respeto y aceptación. Su tolerancia a la frustración, capacidad de demora y control de impulsos se mantienen en nivel funcional…

En el documento Programa nacional para el control de drogas 2001-2006, la PGR detalla el poder que en ese lapso adquirió Guzmán Loera en el tráfico de drogas nacional. El estudio explica que la organización de El Chapo se mantiene asociada con Héctor Luis Palma Salazar (recientemente extraditado a Estados Unidos) y que tiene su área de influencia en 17 estados.

Y enumera algunos de los enclaves importantes donde el cártel de Sinaloa domina el negocio de las drogas: Baja California, Sonora, Sinaloa, Durango, Zacatecas, Nayarit, Nuevo León, Tamaulipas, Jalisco, Colima, Guanajuato, Distrito Federal, Guerrero, Chiapas y Quintana Roo.

“Sus principales centros de operación se ubican en Tepic, Nayarit; el Distrito Federal, así como Cuautitlán (Estado de México) y la ciudad de Toluca”, añade el documento de la PGR.

Según dicho programa, la estructura del cártel de Sinaloa es la más sólida: la componen cinco piezas fundamentales. Ahí también se analizan los núcleos poderosos que conforman a la llamada Federación de Narcotraficantes. El documento resalta, por ejemplo, a Ignacio Coronel, El Nacho; Ismael Zambada García, El Mayo; Juan José Esparragoza Moreno, El Azul, los hermanos Beltrán Leyva, Los Tres Caballeros, y a Albino Quintero Meraz, cabeza de la célula del sureste. Y aunque no existe una sociedad, la PGR considera que entre Guzmán Loera y Vicente Carrillo Fuentes –cabeza del cártel de Juárez– “hay líneas de entendimiento”.

Después de su fuga, en enero de 2001, Guzmán Loera se convirtió en un “dolor de cabeza” para el gobierno de Vicente Fox. Durante esa administración, El Chapo fue visto como uno de los narcos más protegidos. La PGR, sin embargo, logró asestar varios golpes a su círculo más cercano, pero tales acometidas no rompieron la solidez del cártel de Sinaloa.



AAG

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De cara al nuevo sexenio, El Chapo no sólo se quitó algunos años; también hizo a un lado a varios de sus rivales en el negocio de las drogas y se apresta a ser el narcotraficante más poderoso.
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