Johannesburgo, (EFE).- Namibia celebra mañana viernes y el sábado sus cuartas elecciones presidenciales y legislativas desde la independencia del país en 1990, que la gobernante Organización del Pueblo de África del Suroeste (SWAPO) y su líder, Hifekepunye Pohamba, esperan ganar sin dificultades.
A estos comicios, los primeros que se desarrollarán durante dos jornadas, y para los que están censados alrededor de un millón de votantes, de los 2,2 millones de habitantes del país, se presenta un nuevo partido opositor, el Congreso para la Democracia y el Progreso (RDP), escindido del SWAPO en 2007.
Un total de 14 formaciones políticas concurren a las elecciones y, entre las que tienen posibilidades de acceder a la Asamblea Nacional, con 78 escaños y que se elige para un periodo de cinco años, está presente la oposición tradicional del Congreso de los Demócratas (COD).
En las fechas previas, la oposición expresó su protesta por el hecho de que los comicios duren dos días, en lugar de una única jornada.
Los partidos opositores han presentado sus quejas a la Comisión Electoral de Namibia (ECN), al considerar que el número de votantes es demasiado pequeño como para precisar dos días de votaciones y señalado que esto puede facilitar un fraude y otras prácticas corruptas.
Diversos organismos internacionales, entre ellos el Parlamento Panafricano, actuarán como observadores en los comicios, pero la ECN ha prohibido la actuación de la Sociedad Nacional de Derechos Humanos (NSHR) en el seguimiento de las elecciones.
La prohibición se produjo después de que la NSHR denunciara "graves irregularidades" en el censo electoral con datos concretos documentados.
El SWAPO, el antiguo movimiento de liberación y partido hegemónico desde la independencia, ha sido acusado repetidamente de corrupción en los últimos años y la organización Transparencia Internacional ha señalado que Namibia es uno de los países más corruptos del mundo.
Los comentaristas políticos locales apuntan que esta es una de las razones por las que la oposición puede obtener más escaños en el Parlamento y amenazar los más de tres cuartos de votos que el SWAPO ha conseguido en anteriores elecciones.
En estos comicios, los nuevos votantes, nacidos después de la independencia y que no recuerdan al SWAPO como movimiento de liberación y entre los que, además, casi dos de cada tres están desempleados, también pueden inclinar la balanza por grupos opositores.
La actual crisis mundial ha afectado a Namibia, cuyas exportaciones, centradas en las materias primas mineras, sobre todo diamantes y uranio, se han reducido, lo mismo que el turismo, lo que ha colocado al país en una situación de recesión.
El SWAPO, si como se espera vuelve a ganar y Pohamba sigue en la Presidencia, tendrá que enfrentarse, de entrada, a un desempleo del 40 por ciento, y buscar salidas para la pobreza, en un país que ocupa en puesto 128 de 182 en el último Índice de Desarrollo Humano de la ONU.
Además, el país es el quinto del mundo en porcentaje de población adulta afectada por el VIH/sida, con un 19,6 por ciento, lo que ha provocado un aumento de la mortalidad y más de la mitad de las muertes, un 51 por ciento, están relacionadas con esta epidemia, según datos facilitados por Médicos Sin Fronteras (MSF).
Las primeras elecciones celebradas en Namibia fueron 1994 y las ganó el SWAPO, encabezado por su líder, Sam Nujoma, que fue reelegido en 1999 y que cedió la Presidencia a su sucesor, Pohamba, en las de 2004.
Actualmente, el SWAPO tiene 55 de los 78 escaños de la Asamblea Nacional y controla el Gobierno de la antigua colonia alemana, que pasó a manos de los sudafricanos con un mandato de la Sociedad de Naciones tras la Primera Guerra Mundial.
Sudáfrica impuso en Namibia el sistema de segregación racial del "apartheid" y la ONU declaró ilegal la ocupación y, en 1989, una resolución de Naciones Unidas decidió la formación de una Asamblea Constituyente en el territorio, que llevó a la independencia el 21 de marzo de 1990.
EEM