La enemistad de Havel y Klaus polariza recuerdo de Revolución de Terciopelo |
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2009-11-21
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Gustavo Monge
Praga, (EFE).- La conmemoración del veinte aniversario de la Revolución de Terciopelo en la República Checa hacía presagiar un acercamiento entre Vaclav Havel y Vaclav Klaus, los dos personajes más influyentes de la transición política checoslovaca, pero terminaron por ahondar una división ya insalvable.
Havel ha sido foco de atención internacional durante estos días, lo que aprovechó para reivindicar a otros paladines checoslovacos de la libertad, y apuntar con el dedo a aquellos regímenes y puntos del planeta donde, según él, se socavan la democracia o los derechos humanos.
El conocido intelectual centroeuropeo citó explícitamente como ejemplos, durante un concierto retransmitido en directo por televisión, a Corea del Norte, Birmania, Darfur, Irán, Cuba, Venezuela, Zimbabue y Bielorrusia.
Klaus acudió a esa celebración de Havel con sus amigos Joan Baez, Lou Reed, Suzanne Vega, Madeleine Albright, Adam Michnik y otros intelectuales "havelistas" en la Encrucijada Praguense.
Así se llama a la iglesia gótica de Santa Ana, que ya antes de la época comunista fue desacralizada y funcionó como imprenta, y donde Havel convoca actos culturales y conferencias bajo el patrocinio de su fundación Vize 97.
Klaus, a pesar de recibir algunos abucheos al inicio de la alocución, expresó su gratitud al antiguo disidente por el papel crucial que jugó hace veinte años, y también repartió sonrisas con ademán distendido.
Al día siguiente, sin embargo, en una mesa redonda con estudiantes en la Facultad de Derecho, Klaus describió el ambiente de la víspera como "lleno de frustración", en lugar de mostrar la "alegría por haber vencido al comunismo".
"No se puede esperar un acercamiento de ambos, ya que eso resultaría contrario a sus principios", declaró a Efe Martin Carek, que fue asesor de Havel a principios de los años noventa.
Mientras que el dramaturgo ha sido uno de los paladines de la integración checa en la UE y en la OTAN, del vínculo euroatlántico, del Partido de los Verdes, del Dalai Lama, de la censura a Moscú y los comunistas checos, su sucesor en el Castillo de Praga se ha erigido, casi, en su polo opuesto.
Así, Klaus ha preferido adoptar una postura euroescéptica, intentando torpedear hasta el final el Tratado de Lisboa, ha sintonizado mucho mejor con Georg W.Bush y no puede ver a los Verdes ni en pintura, como muestran sus ataques a la "ideología medioambiental" que contienen sus libros.
El padre de las reformas económicas de la década pasada ha dado recientemente a Benedicto XVI una calurosa acogida, cuya intensidad sorprendió a los medios de comunicación, y llegó a despertar comentarios sobre su hipotética conversión al catolicismo.
Klaus ha sido, además, testigo del retorno del Partido Comunista de Bohemia y Moravia (KSCM) a las instituciones parlamentarias, después de que estuvieran en el ostracismo durante el largo mandato de Havel.
También fue defensor del Kremlin en su conflicto del pasado año con Georgia, cuyo epílogo fue la declaración unilateral de independencia de sus provincias Osetia de Sur y Abjasia.
La presencia en Praga estos días de iconos musicales de los sesenta, como Baez y Reed, dieron a las celebraciones en torno al dramaturgo un cierto aire de nostalgia.
El "We shall overcome" de Baez en la Avenida Nacional, el 17 de noviembre, resultó para muchos anacrónica y algo incomprensible para la actual juventud checa, que considera la libertad reconquistada hace veinte años como incuestionable.
Aquella celebración callejera comenzó con los acordes de los himnos nacionales checo y eslovaco, y acabó en una fiesta callejera con un fuerte olor a marihuana.
Mientras que un nostálgico Havel hacía de guía turístico de Baez por las calles de Praga y se definió como "el que lleva la guitarra", Klaus visita oficialmente Brasil y Perú, tratando de potenciar las relaciones económicas y culturales con una mirada al futuro.
VGQ
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