Philippe Siuberski
Bruselas, (AFP) - Con la partida del primer ministro belga, Herman Van Rompuy, para asumir la presidencia de la UE, el pequeño reino, dividido entre flamencos de lengua holandesa y valones francófonos, teme recaer en la crisis política que le situó al borde de la fractura en 2008.
El rey Alberto II inició el viernes las consultas para formar gobierno recibiendo a Van Rompuy, nombrado el jueves primer presidente de la Unión Europea (UE) por los jefes de Estado y de gobierno de los países miembros del bloque.
En once meses en el poder, el democristiano flamenco, de 62 años, fue capaz de hacer funcionar al gobierno y mantener unida una coalición de cinco partidos que representan a flamencos y valones, liberales, conservadores y socialistas, tras largos meses de caos político que hizo hasta temer la escisión del país.
Por este motivo, su nombramiento al frente de la UE, efectivo el 1º de enero próximo, fue celebrado como una honra nacional pero al mismo tiempo recibido con inquietud en Bélgica.
"Lo que necesita nuestro país es estabilidad, un gobierno que gobierne", declaró el presidente de los socialistas francófonos, Elio Di Rupo, mientras los ecologistas pedían "evitar sumir de nuevo a Bélgica en el caos".
Descartada en un principio la celebración de elecciones anticipadas, la formación de Van Rompuy, el Partido Democristiano Flamenco, está llamada a designar a un primer ministro hasta el fin de la actual legislatura en 2011.
Y es muy probable que el sucesor de Van Rompuy sea su predecesor: Yves Leterme, quien se vio forzado a dimitir en diciembre de 2008 por un escándalo político-financiero relacionado con el desmantelamiento del banco Fortis.
Desde entonces, ha sido absuelto por la justicia y en julio se convirtió en ministro de Relaciones Exteriores.
Su eventual regreso inquieta a los valones francófonos, quienes habían acogido con los brazos abiertos la moderación de Van Rompuy tras un periodo de mayor radicalidad con Leterme y meteduras de pata, en particular, cuando confundió el himno nacional belga por la Marsellesa francesa.
Pese al escepticismo de los valones sobre la capacidad de Leterme para evitar una nueva "fiebre comunitaria", los partidos francófonos tampoco parecen lanzados a vetar su vuelta.
"Si se compromete a garantizar la estabilidad del país y a solventar los problemas económicos (...) entonces sí, puede ser primer ministro", concedió la ministra socialista Laurette Onkelinx.
Para el diario flamenco De Standaard, Leterme dispone "de su última oportunidad para demostrar que está hecho para el cargo".
Más inquieto, el rotativo francófono Le Soir estimaba que "con todos los partidos políticos en acción, Yves Leterme tendrá un deber: evitar la crisis".
KFL