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Cinco minutos para aplicar lecciones de toda una vida

2009-10-26

Por Jeffrey Zaslow, Dow Jones Newswires

El capitán de US Airways Chesley "Sully" Sullenberger ha pilotado miles de vuelos en los últimos 42 años. "Pero ahora", afirma, "juzgan toda mi carrera por cómo me desempeñé en uno de esos vuelos".

El capitán se refiere, por supuesto, al pasado 15 de enero, cuando su Airbus A320 fue embestido por aves cuando partía de Nueva York en dirección a Charlotte, en el estado de Carolina del Norte, y perdió ambos motores. Sully y el primer oficial Jeff Skiles ejecutaron un acuatizaje de emergencia que luego fue llamado "El milagro en el río Hudson", pero esa descripción nunca le pareció bien a Sully.

El piloto es un hombre preciso, metódico y cerebral que elige sus palabras con cuidado. En los últimos meses, mientras trabajaba en su nuevo libro, Highest Duty: My Search for What Really Matters (also así como "El deber más importante: mi búsqueda de lo que realmente importa"), Sully dedicó mucho tiempo a meditar sobre su vida y su carrera. Intentó comprender qué experiencias de su pasado lo prepararon para el vuelo 1549.

Como co-autor de Sully, claramente me di cuenta de que no era sólo su habilidad como piloto veterano lo que lo sostuvo en esos momentos tensos en Manhattan. También fue la manera cómo fue criado, sus lazos familiares, su sentido de la integridad y las pérdidas en su propia vida. El vuelo 1549 no fue sólo un viaje de cinco minutos del aeropuerto neoyorquino de La Guardia hasta el río Hudson. Toda la vida de Sully lo condujo a salvo a ese río.

Nació en Denison, estado de Texas, hijo de un dentista y una maestra que tenían grandes expectativas. "Crecí en una casa donde cada uno tenía su propio martillo", cuenta Sully. Sucede que su papá expandía la vivienda constantemente con la ayuda de tres asistentes: Sully, su hermana y su mamá. "La meta era hacerlo todo nosotros mismos".

La gente le dice a Sully que su éxito el 15 de enero demostró un gran aprecio por la vida. Sus palabras lo llevaron a reflexionar. "Con honestidad", señala, "uno de los motivos por los que creo que le doy un valor tan alto a la vida es que mi padre se quitó la suya". Su padre, que sufría de depresión, se suicidó en 1995. "Su muerte influyó sobre la forma en que veo el mundo", asegura. "Estoy dispuesto a trabajar duro para proteger las vidas de las personas, no ser un espectador, en parte porque no pude salvar a mi padre".

Su lucha y la de su esposa, Lorrie, con la infertilidad y un tedioso proceso de adopción también influyeron sobre su desempeño en el vuelo 1549. "Acepté las cartas que me tocaron, y a jugar con ellas", dice Sully, que tiene dos hijas adoptivas, hoy de 16 y 14 años. La primera vez que anheló volar tenía 5 años. A los 16, en 1967, comenzó a tomar clases de vuelo. Sully era un estudiante serio y dedicado que prestaba mucha atención. Un día vio un avión Piper Tri-Pacer dañado al final de la pista de aterrizaje de césped de su instructor, con el que un amigo de éste se había estrellado. "Intenté visualizar la forma en que ocurrió [el accidente], el terrible impacto", dice Sully. Se dedicó a estudiar la cabina y eso le enseñó que debía estar alerta. Para un piloto, un simple error puede significar la muerte. Se enlistó en la Academia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, luego inició una carrera militar y siguió estudiando accidentes. Doce de sus compañeros murieron en vuelos de entrenamiento. "Los lloré", dice, "pero traté de aprender de cada uno de los accidentes". Como piloto comercial, ayudó a desarrollar un curso de seguridad aérea y se desempeñó como investigador en escenas de accidentes.

Sully le da una gran importancia a la preparación. Un aspecto de preparase bien es tener la mentalidad adecuada, señala. "En muchísimas áreas de la vida es necesario ser un optimista a largo plazo pero un realista a corto plazo. En la aviación, no se puede esperar lo mejor. Debes identificar qué sabes y qué no, y qué puede hacer tu avión y qué no, en cada situación".

Sully nunca olvidó lo que aprendió sobre eyección de tripulación en sus días como militar. Muchos pilotos esperaban demasiado antes de eyectarse de aviones que estaban a punto de estrellarse, y morían. ¿Por qué los pilotos dejaban pasar esos valiosos segundos extra intentando solucionar lo que no tenía solución? Porque temían el castigo por perder jets de millones de dólares.

Tener esos detalles en los confines de su cerebro fue útil cuando tomó decisiones rápidas en el vuelo 1549.

"Ni bien nos golpearon los pájaros", recuerda, "podría haber intentado regresar a La Guardia para no arruinar el avión de US Airways. Podría haberme preocupado porque mi decisión fuera cuestionada por superiores o investigadores. Pero elegí no hacerlo."

Sully valora el concepto de "sacrificar metas". Cuando ya no es posible cumplir con todas, uno sacrifica las metas de menor grado. Sabía que sacrificar metas era vital en el vuelo 1549. "Al intentar un aterrizaje sobre agua", señala, "sacrificaría la 'meta del avión' —intentar no destruir un avión valuado en US$60 millones— por la meta de salvar vidas".

Con la capacidad de separar sus pensamientos, incluso en esos difíciles momentos sobre el río Hudson, Sully afirma que su familia no cruzó por su cabeza. "Eso fue lo mejor. Era vital que estuviera concentrado; que no me permitiera distracciones. Mi conciencia existió sólo para controlar la ruta de vuelo".

Pese a salvar 155 vidas ese día, Sully no se siente cómodo con que lo llamen "héroe". Un héroe se mete en un edificio en llamas, dice. "El vuelo 1549 se nos impuso a mí y a mi tripulación. Recurrimos a nuestro entrenamiento, tomamos buenas decisiones, no nos rendimos, valoramos cada vida en ese avión y tuvimos un buen desenlace. No creo que esa sea la definición de 'heroico'. Tiene más que ver con que teníamos una filosofía de vida, y la aplicamos a nuestras acciones de ese día".

Sully ahora ve lecciones para los demás. "Necesitamos intentar hacer lo correcto en cada oportunidad, para dar lo mejor de nosotros", afirma, "porque nunca sabemos qué momento de nuestras vidas será juzgado".



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El capitán se refiere, por supuesto, al pasado 15 de enero, cuando su Airbus A320 fue embestido por aves cuando partía de Nueva York en dirección a Charlotte, en el estado de Carolina del Norte, y perdió ambos motores.
 
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