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La "ley seca" se impone en Ramadán

2009-09-14

Marina Villén

El Cairo, (EFE).- Incluso en una ciudad como El Cairo, que siempre ha alardeado de ser cosmopolita, el respeto a las costumbres y la presión social convierten la compra y el consumo de alcohol en Ramadán en una odisea, también para los no musulmanes y los extranjeros.

Muchos bares han desaparecido, cada vez más restaurantes no sirven alcohol y los supermercados tampoco venden, en una tendencia conservadora que se arrastra desde hace años en Egipto y que se acentúa durante el mes sagrado musulmán, cuando parece imponerse una auténtica "ley seca".

A pesar de que no existe una prohibición expresa, el líquido pecaminoso queda durante estas fechas relegado prácticamente al ámbito privado y a los hoteles y locales de lujo.

"Aunque el islam prohíbe el alcohol durante todo el año, nosotros servimos, pero no en Ramadán, que es un mes sagrado en el que la religión cobra mayor importancia", explicó a Efe Ibrahim Mahmud, encargado del restaurante cairota Felfela.

Mahmud indicó que en este mes "sólo los hoteles pueden servir alcohol" y que, por eso, muchos locales prefieren cerrar sus puertas mientras que otros ofrecen bebidas alcohólicas "en secreto".

Aun cuando no es cierto que haya que mantenerlo en secreto, algunos restaurantes optan por servir la cerveza directamente en los vasos para evitar que las botellas estén visibles, como es el caso del glamuroso Greek Club, situado en la bahía de Alejandría.

Los que sí echan el cierre en la capital egipcia son los clubes nocturnos y los casinos de la Avenida de las Pirámides, así como dos de los pocos locales de moda, el After 8 y el Jazz Club, que en sus páginas web se despiden de su clientela hasta el primer día del "Eid el Fetr", festividad que marca el fin del mes sagrado musulmán.

Tampoco se salvan los pequeños y sórdidos "ahwas" (cafés) de la céntrica calle Alfy, cuyo público masculino no puede disfrutar ahora de su mayor entretenimiento: consumir cerveza y licores locales en un ambiente de penumbra y luces de neón.

"Las religiones no se pueden imponer y una costumbre como ésta tampoco", opina un español residente en Egipto, Luis López-Polín, en referencia a las dificultades para comprar y consumir alcohol en un país en el que viven cerca de 10 millones de cristianos coptos.

Del mismo modo se expresa el francés Timothée de Grivel, quien, aunque no se siente molesto por estas restricciones porque "pertenecen a la cultura del país", piensa que "cada uno debería ser responsable de su manera de hacer Ramadán".

Si el consumo de alcohol se complica en estas fechas, su compra es aún más difícil, ya que las tiendas especializadas "Drinkies" y gran parte de las escasas licorerías locales cierran hasta el fin del Ramadán.

Los dueños de las tiendas de alcohol son en su mayoría cristianos, pero clausuran sus negocios "por respeto a los musulmanes y a las costumbres de Egipto", según fuentes de los servicios de seguridad consultadas por Efe, que negaron la existencia de instrucciones oficiales dirigidas a prohibir la venta.

Por su parte, una fuente del Ministerio de Turismo también aseguró a Efe que su organismo no ha enviado ninguna carta a los restaurantes recomendando que no sirvan bebidas alcohólicas en Ramadán, aunque ambas medidas fueron sugeridas por los encargados de algunas tiendas y restaurantes.

De todas formas, cada local usa sus trucos para seguir funcionando. La cadena "Drinkies", aparentemente cerrada al público, mantiene su servicio a domicilio, pero en estas fechas la espera se puede alargar más de dos horas, pues al parecer el líquido del pecado se encuentra en un almacén a las afueras de El Cairo.

Las pequeñas licorerías que siguen abiertas de milagro optan por cambiar sus escaparates, y donde antes había una botella de ginebra ahora hay una de aceite, pero a sus clientes, por lo menos si son extranjeros, les sacan a hurtadillas cualquier tipo de bebida.

Y todas estas restricciones sociales y morales en un país en el que el 10 por ciento de la población es cristiana copta y que cuenta con una gran comunidad de residentes extranjeros.

"Estoy de acuerdo con el cierre de las tiendas y de algunos bares si es una decisión personal de los dueños, pero no si se debe a una imposición gubernamental o a la presión social", dijo a Efe el francés De Grivel.

Pero, mientras que los extranjeros gozan de una libertad total a la hora de consumir bebidas alcohólicas en los hoteles y restaurantes que durante estas fechas mantienen en sus cartas este producto, los egipcios no lo tienen tan fácil.

Los camareros de muchos locales solicitan el pasaporte a los clientes para comprobar su nacionalidad, ya que en Ramadán no sirven alcohol a sus compatriotas, ni siquiera a los coptos, cuyas libertades se ven restringidas a pesar de no tener ninguna obligación religiosa en estas fechas.

Porque en un país como Egipto, preocupado por mantener las apariencias, el conservadurismo se afianza y el alcohol es, además de "haram" (pecado), un lujo prohibido e inaccesible durante el mes sagrado musulmán.



KFL

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A pesar de que no existe una prohibición expresa, el líquido pecaminoso queda durante estas fechas relegado prácticamente al ámbito privado y a los hoteles y locales de lujo.
 
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