No. 1484
Buscar ¿Dónde?

La Independencia
 

El proceso de la independencia de México fue uno de los más largos de América Latina. La Nueva España permaneció bajo el control de la Corona por unos tres siglos. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, ciertos cambios en la estructura social, económica y política de la colonia llevaron a una élite ilustrada de novohispanos a reflexionar acerca de su relación con España. Sin subestimar la influencia del Iluminismo, la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos; el hecho que llevó a la élite criolla a comenzar el movimiento emancipador fue la ocupación francesa de España, en 1808. Hay que recordar que en ese año, Carlos IV y Fernando VII abdicaron sucesivamente en favor de Bonaparte, de modo que España quedó como una especie de protectorado francés.

En las colonias españolas en América, se formaron varias juntas que tenían como propósito conservar la soberanía hasta que regresara el rey Fernando VII al trono. Nueva España no fue la excepción, la diferencia es que el primer intento de este tipo concluyó con la destitución del virrey y la sujeción del Ayuntamiento de México a la autoridad directa de la nueva cabeza de la colonia (que a diferencia de Iturrigaray, no simpatizaba con la Junta). Tal situación llevó a los criollos a radicalizar su posición. Finalmente, el nbúcleo donde hubo de comenzar la guerra por la independencia fue Dolores, Guanajuato, luego que la conspiración de Querétaro fue descubierta. Aunque aquél 16 de septiembre de 1810 el cura Miguel Hidalgo y Costilla se lanzó a la guerra apoyado por una tropa de indígenas y campesinos, bajo el grito de "Viva Fernando VII", finalmente la revolución le llevó por otro camino y se convirtió en lo que fue: una guerra independentista.

El conflicto duró once años y distaba mucho de ser un movimiento homogéneo. Como se ha dicho, al principio reivindicaba la soberanía de Fernando VII sobre España y sus colonias, pero con el paso del tiempo adquirió matices republicanos. En 1813, el Congreso de Chilpancingo (protegido por el generalísimo José María Morelos y Pavón) declaró constitucionalmente la independencia de la América Mexicana. La derrota de Morelos en 1815 redujo el movimiento a una guerra de guerrillas. Hacia 1820, sólo quedaban algunos núcleos rebeldes, sobre todo en la sierra Madre del Sur y en Veracruz. Por esas fechas, Agustín de Iturbide pactó alianzas con casi todas las facciones (incluyendo al gobierno virreinal) y de esta suerte se consumó la independencia el 27 de septiembre de 1821. España no la reconoció formalmente hasta el 28 de abril de 1836, y de hecho intentó reconquistar México, sin éxito.

La ex colonia española pasó a ser una efímera monarquía constitucional católica llamada Imperio Mexicano. Finalmente fue disuelto en 1823, cuando luego de varios enfrentamientos internos y la separación de Centroamérica, se convirtió en una república federal.

Antecedentes

Situación económica y social del virreinato de Nueva España

El pilar de la economía colonial novohispana era la explotación minera. Durante la segunda mitad del siglo XVIII, la producción minera vivió una de sus mejores épocas. La producción de oro y plata (los dos metales más importantes para la minería novohispana) se triplicó en el período de 1740-1803 (Villoro, 1989: 594). Asociados a esta importante actividad, existía un complejo de ramos económicos que de una u otra manera se vieron beneficiados por el auge minero. Por ejemplo, los grupos de comerciantes que controlaban el tráfico entre la colonia y España; o bien, los dueños de las comarcas agrícolas que abastecían a los principales centros mineros o comerciales en todo el país (el valle de Puebla, asociado a la ciudad de México, o el Bajío, vinculado a las minas de Zacatecas y Guanajuato).

Sin embargo, con las Reforma borbónica, puestas en marcha desde la metrópoli, se fueron desarrollando nuevas ramas económicas en Nueva España. Aunque en general, las reformas representaron un cierto aliento de cambio a los casi tres siglos de continuidad en el sistema colonial, el beneficio para los diversos grupos de la sociedad novohispana no fue igual. Las clases bajas no vieron grandes variaciones en su situación subordinada. Pero quienes vieron profundamente afectados sus intereses fueron las familias vinculadas con el comercio exterior. Por aquella época, el comercio entre Nueva España y la metrópoli se realizaba exclusivamente por medio del puerto de Veracruz. Esta es la razón de que los comerciantes de esa ciudad tuvieran tan grande influencia en la política y la economía de la colonia.

Pero con la declaratoria de libre comercio entre las colonias y la abolición del monopolio veracruzano, crecieron en poder y número las cámaras de comerciantes en otros puertos de Nueva España. Éste fue uno de los factores que contribuyeron al auge minero de finales del siglo XVIII. Puesto que las familias de comerciantes habían visto amenazadas sus inversiones e intereses, trasladaron buena parte de su capital a la industria minera. Los espacios vacantes fueron ocupados en muchas ocasiones por los americanos. Los criollos de las colonias españolas ocupaban una posición inferior con respecto a los peninsulares (designados en el habla mexicana como gachupines) en la estructura de la sociedad virreinal. Sin embargo, no eran un grupo del todo despojado de importancia específica: por ejemplo, en Guanajuato las minas más importantes de la región se encontraban en manos de familias criollas. Por otro lado, la apertura derivada de las reformas borbónicas de finales del siglo XVIII, propició el crecimiento de una pequeña clase media de extracción americana.


Invasión francesa en España

La invasión de Portugal por parte de las tropas de Napoleón en 1807 obligó la huida de la Casa de Braganza a Brasil. En España, este suceso había provocado la división de la familia real española. Instigado por José Godoy, el príncipe de Asturias había planeado un complot para destituir a sus padres de la corona. Finalmente, logró que Carlos IV abdicara en su favor el 19 de marzo de 1808. Tal suceso no complació en nada a Bonaparte, que intentó forzar a Carlos IV a declarar nula su abdicación. Aunque Fernando VII intentó formar un gobierno propio y organizar España, Napoleón le condujo con engaños a Bayona, donde un 5 de mayo de 1808 lo forzó a ceder la corona a su padre, para que luego éste la entregara el francés.



Miguel Hidalgo y el comienzo del movimiento insurgente  

Miguel Hidalgo

 

La figura central y el principal instigador de la independencia de México fue Miguel Hidalgo y Costilla, el cura del pequeño pueblo de Dolores. En cuanto se ordenó como sacerdote, Hidalgo empezó a promover el levantamiento popular de indios y mestizos en contra de los españoles ricos, los hacendados, y los aristócratas. Pronto comprendió la necesidad de diversificar las actividades industriales en Guanajuato, cuya economía tradicionalmente estaba centrada en la minería. Al mismo tiempo, durante sus siete años en Dolores, Hidalgo promovió grupos de discusión en su casa, dónde les daba la bienvenida a indígenas, mestizos, criollos y peninsulares. Los temas de estas discusiones eran eventos contemporáneos, al los cuales Hidalgo incluía sus opiniones sociales y económicas. El movimiento de independencia nació entre estas discusiones informales y fue dirigido en contra de la dominación política y económica española sobre la Nueva España. Los conspiradores decidieron empezar el conflicto el 8 de diciembre de 1810.



El inicio de la guerra
 

Josefa Ortiz de Domínguez

Doña Josefa Ortiz de Domínguez, corregidora de Querétaro

Los planes fueron descubiertos por el gobierno central, y los conspiradores fueron alertados por Doña Josefa Ortiz de Domínguez, corregidora de Querétaro, de que habían órdenes de apresarlos. Presionados por los nuevos acontecimientos, Hidalgo decidió empezar la lucha por la independencia inmediatamente en la mañana del 16 de septiembre de 1810 (esta es la fecha que México celebra su independencia). Las campanas de la iglesia llamaron a la gente, e Hidalgo les pidió que se unieran a la lucha contra del gobierno español y de los peninsulares con su famoso Grito de Dolores: “¡Viva la virgen de Guadalupe! ¡Muerte al mal gobierno! ¡Viva Fernando VII!” El tumulto respondió entusiastamente, y pronto una multitud empezó a marchar hacia la capital regional en Guanajuato. Los mineros de Guanajuato se unieron a los trabajadores de Dolores en la masacre de todos los peninsulares que se resistieran, incluyendo el intendente, el jefe local colonial.

De Guanajuato las fuerzas independientes marcharon a la Ciudad de México después de haber capturado Zacatecas, San Luis Potosí, y Valladolid. El 30 de octubre de 1810 encontraron resistencia de los realistas en el Monte de las Cruzes, y, aunque los rebeldes ganaron la batalla, el impulso inicial se perdió, y fracasaron en su intento de tomar la Ciudad de México. Después de varias victorias, las fuerzas insurgentes se movieron hacia el norte, con destino a Texas. En marzo del siguiente año, los insurgentes fueron emboscados, y fueron tomados prisioneros a Monclova (en el actual estado de Coahuila). Hidalgo, como sacerdote, fue enjuiciado por la Santa Inquisición, y encontrado culpable de herejías y traición fue condenado a muerte. Hidalgo fue fusilado el 31 de julio de 1811. Mutilaron su cuerpo, y su cabeza fue expuesta públicamente en Guanajuato, como advertencia a posibles insurgentes.



José María Morelos y Pavón y la declaración de independencia

 

José María Morelos y Pavón

José María Morelos y Pavón

Después de la muerte de Hidalgo, José María Morelos y Pavón asumió el liderazgo del movimiento insurgente. Morelos tomó las riendas de los asuntos políticos y militares de la insurrección y planeó un movimiento estratégico para envolver a la Ciudad de México y cortar su comunicación con las costas. En junio de 1813, Morelos convocó a un congreso nacional de representantes de todas las provincias, y se reunieron en Chilpancingo en el actual estado de Guerrero para discutir el futuro de México como una nación independiente. Los puntos más importantes del documento preparado por el congreso fueron la soberanía nacional, el derecho universal al voto a todos los hombres, la adopción del catolicismo como la religión oficial, la abolición de la esclavitud y el trabajo forzado, el fin a los monopolios gubernamentales y el fin de los castigos físicos. Se firmó la declaración de independencia el 6 de noviembre de 1813. Aunque las fuerzas de Morelos tuvieron éxito inicialmente, las autoridades coloniales vencieron el sitio de la ciudad de México después de seis meses, capturaron posiciones en las áreas vecinas, y finalmente invadieron Chilpancingo. Después de estas derrotas el congreso (principalmente Ignacio López Rayon), en vez de hacer unión para poder llevar al éxito la independencia, decidió desconocer a Morelos como generalísimo y jefe supremo del ejército y le asignaron únicamente la protección del congreso en fuga. Morelos logró protegerlos de tal suerte que se logró la redacción de una constitución, que fue jurada en Apatzingan el 22 de octubre de 1814. La constitución daba poderes absolutistas al congreso (en abierta punga entre sí) y este no tardó en reasignar los efectivos para la lucha y dejar prácticamente sin fuerzas a Morelos, (por temor a que tomara el poder). Morelos fue capturado meses después en una escaramuza por mantener a raya a los realistas que perseguían a los congresistas y enfrentó el mismo destino que Hidalgo, murió fusilado después de ser degradado y excomulgado el 22 de diciembre de 1815.


Guerrero, Victoria y la guerra de guerrillas
 

Guadalupe Victoria

Guadalupe Victoria

De 1815 a 1821, la guerra de independencia se transformó en una guerra de guerrillas. Estas guerrillas crearon dos ilustres cuadillos: Guadalupe Victoria (cuyo verdadero nombre era Manuel Félix Fernández) en Puebla y Vicente Guerrero en Oaxaca. Los dos se ganaron la lealtad y el respeto de sus seguidores. El virrey, sin embargo, pensó que la situación estaba bajo control y declaró un indulto general a todo rebelde que dejara las armas.

 

Vicente Guerrero

Vicente Guerrero

Después de diez años de guerra civil y de morir dos de sus líderes más importantes, el movimiento insurgente estaba inerte y cerca del fracaso. Los rebeldes se enfrentaban a la dura resistencia española y a la apatía de los criollos más influyentes en la colonia. La violencia excesiva y la pasión popular de los ejércitos irregulares de Hidalgo y Morelos convencieron a muchos criollos que esta era una guerra de clases y razas, y estos terminaron uniéndose de mala gana al gobierno español hasta que pudieran encontrar una ruta menos sangrienta a la independencia. Fue en este punto que los planes de un caudillo militar conservador coincidieron con una rebelión liberal en España, y estos hicieron posibles los súbitos cambios de lealtades al bando independista.

En lo que supuestamente iba a hacer la última campaña realista contra los insurgentes, el virrey Juan Ruíz de Apodaca mandó una fuerza comandada por el realista criollo Agustín de Iturbide a vencer al ejército de Guerrero en Oaxaca. Iturbide, hijo nativo de Valladolid, se hizo famoso por la pasión con la que perseguía a las fuerzas del mal de Hidalgo y Morelos durante los primeros años de la lucha por la independencia. Favorito entre la jerarquías de la Iglesia mexicana, Iturbide era la encarnación del criollo conservador perfecto: pío, religioso, y dedicado a la protección de la propiedad privada y de los privilegios sociales. Sin embargo, Iturbide estaba insatisfecho: carecía de alto rango militar y de riquezas.


Iturbide y Fernando VII de España
 

Agustín de Iturbide

Al día siguiente el Congreso ratificó dicha proclamación y el 21 de mayo del mismo año se efectuó la coronación del emperador tomando por nombre el de Agustín I

La misión de Iturbide en Oaxaca coincidió con un exitoso golpe militar en España contra el nuevo monarca, Fernando VII. Los líderes del golpe, que habían sido reunidos como una expedición militar para suprimir los movimientos independistas en las Américas, obligaron el rey Fernando a firmar la constitución liberal de 1812. Cuando las noticias de los acontecimientos llegaron a México, Iturbide las entendió como un peligro al status quo y una oportunidad para que los criollos tomaran el control de México. Irónicamente la independencia de México fue consumada cuando las fuerzas conservadores en la colonia decidieron levantarse en contra del breve régimen liberal en la madre patria. Después de un enfrentarse a Guerrero, Iturbide cambió sus lealtades e invitó al líder rebelde a una junta para discutir los principios de un regenerado movimiento insurgente.

En Iguala, Iturbide proclamó tres principios o garantías al México independiente: México sería una nación independiente gobernada por el rey Fernando u otro príncipe conservador europeo; criollos y peninsulares tendrían los mismos derechos y privilegios; y la iglesia católica continuaría teniendo sus privilegios y el monopolio religioso en México. Después de convencer a sus tropas que aceptaran estos principios, que fueron proclamados el 24 de febrero de 1821 como el Plan de Iguala, Iturbide persuadió a Guerrero a que unieran sus fuerzas a favor de la nueva manifestación conservadora del movimiento de independencia. Un nuevo ejército, el ejército de las Tres Garantías, fue puesto bajo el comando de Iturbide para reforzar el Plan de Iguala. El plan satisfizo a liberales y conservadores: la meta de la independencia y la protección de la iglesia católica hicieron posible que todos se unieran al movimiento independista.


La consumación de la independencia

 

Acta de independencia

Acta de independencia.

Al ejército de Iturbide se le unieron fuerzas rebeldes de todas partes de México. Cuando la victoria insurgente fue aparente, el virrey renunció. El 24 de agosto de 1821, representantes de la corona española e Iturbide firmaron el Tratado de Córdoba, que reconoce a México como una nación independiente bajo los términos del Plan de Iguala. Iturbide, que había sido un leal realista, se había convertido en el paladín de la independencia mexicana. Iturbide incluyó un artículo en el tratado que daba la posibilidad de que el congreso Mexicano podía escoger a un rey criollo si ningún miembro de la realeza europea aceptaba el trono de México. Este artículo permitió que Iturbide tomara el trono Mexicano, y con él empezó el primer imperio de México.