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Guerra Cristera
La Guerra Cristera en
México consistió en un conflicto civil de 1926 a 1929 entre el Gobierno y
milicias que apoyaban a la Iglesia católica, en su repudio a las leyes que
limitaban los derechos religiosos.
La Constitución mexicana de 1917 establece una política que no contemplaba
dar personalidad jurídica a las iglesias, prohibía la participación del
clero en la política, su derecho a poseer bienes raíces, así como el culto
público fuera de las dependencias eclesiásticas.
La Ley Calles
En 1926, el presidente Plutarco Elías Calles reglamentó las reformas
constitucionales y, en efecto, se restringió la actuación de la práctica
católica en la vida pública. El gobierno de Calles intentó crear una
iglesia nacional, que rompiera con El Vaticano. El 21 de febrero de 1925,
se crea con apoyo de la CROM la Iglesia Católica Apostólica Mexicana.
Los partidarios de esta nueva Iglesia Mexicana, tomaron el Templo de la
Soledad, en el centro de la Ciudad de México, en espera del apoyo popular.
Sin embargo, el pueblo expulsó a los sacerdotes "nacionalistas" del
templo. A partir de ese momento, grupos de católicos se movilizaran en
varios estados para defender las iglesias.
Las acciones radicales del Gobierno no se hicieron esperar; en Tabasco el
gobernador Tomás Garrido Canabal puso en vigor un decreto que obligaba a
los sacerdotes a casarse para poder oficiar, y en Tamaulipas se prohibió
oficiar a los sacerdotes extranjeros.
La Liga
Grupos de católicos formaron la Liga Nacional para la Defensa de la
Libertad Religiosa en marzo de 1925, que pretendía obtener la libertad
religiosa por medios legales, sin embargo fue declarada ilegal, por lo que
operó clandestinamente.
En 1925 y 1926 el conflicto escaló, pues en estados como Tabasco, Chiapas
y Jalisco se prohibió el culto católico. En varias iglesias del país se
suspendió el culto, en "señal de duelo" antes las prohibiciones. Grupos de
católicos organizaron boicoteos económicos y sociales en varios estados.
El 4 de febrero de 1926, el diario El Universal publicó una entrevista con
el arzobispo de México, José Mora y del Río, quien rechazaba el
anticlericalismo de la Constitución. Esto aceleró la ruptura entre el
Estado y la Iglesia. José Mora fue detenido, las autoridades del Vaticano
aconsejaron a los católicos que se abstuvieran de participar en la
política.
Calles consideró las declaraciones del Arzobispo Mora como como una ofensa
y un reto al gobierno y ordenó al Congreso reglamentar el artículo 130. Es
así que la reglamentación de este artículo fue conocido como la Ley
Calles, que mandaba la clausura de escuelas religiosas y la expulsión de
sacerdotes extranjeros, y se limitaba el número de los nacionales a uno
por cada seis mil habitantes.
Los sacerdotes debían registrarse ante las autoridades municipales,
quienes estaban facultadas para otorgar las licencias para ejercer.
Asimismo, se sancionaba todo tipo de educación religiosa. Los obispos,
avalados por Roma, acordaron suspender sus cultos, como forma de protesta,
desde el 1 de Agosto de 1926, día que entraría en vigor la Ley de Calles.
Ante esto, un gran número de gente se congregó en las iglesias un día
antes para celebrar bautizos y matrimonios, antes de que los cultos se
suspendieran.
A partir de esa fecha, las casas se convirtieron en oratorios, mientras el
gobierno clausuraba templos, capillas particulares, conventos y escuelas
religiosas en todo el país. Ante ello, el Papa Pío XI autorizó a los
sacerdotes llevar a cabo una liturgia breve para la misa y celebrar en
cualquier lugar y aún sin vestimentas litúrgicas.
En respuesta a la Ley de Calles, los católicos presentaron ante el
Congreso una demanda de reforma constitucional, con dos millones de
firmas, la cual fue rechazada. Los católicos llamaron y realizaron un
boicot para no pagar impuestos, minimizar el consumo de productos
ofrecidos por el Gobierno, no comprar lotería, ni utilizar vehículos a fin
de no comprar gasolina. Esto causó daños a la economía nacional.
Los Cristeros
En Enero de 1927 empezó el acopio de armas; las primeras guerrillas
estuvieron compuestas por campesinos. El apoyo a los grupos armados fue
creciendo, cada vez más gente se sumaba a la proclama de "Viva Cristo Rey
y Santa María de Guadalupe", para sumarse a quienes fueron conocidos como
Los Cristeros. Se les llaman así dado que reconocían como autoridad a
Cristo Rey.
La Guerra
Los alzamientos comenzaron en Jalisco, Zacatecas, Guanajuato y Michoacán,
luego se sumó casi la totalidad del centro del país. En 1928, el ex
presidente Álvaro Obregón contendió contra Calles en las elecciones
presidenciales y lo derrotó. Se decía que Obregón llegaría a un acuerdo
para acabar con la guerra, sin embargo fue asesinado por el extremista
católico José de León Toral en la churrería "La Bombilla" en el Distrito
Federal.
Al llegar a la presidencia interina Emilio Portes Gil, comenzó una larga
negociación, en la que participó como mediador, el recién llegado
embajador estadounidense Morrow. Se logró a un acuerdo de amnistía general
para todos los levantados en armas que quisieran rendirse, que se
devolvieran las casas curales y episcopales, y que de alguna manera se
garantizara la estabilidad de estas devoluciones. La Liga y los cristeros
no aceptaron este acuerdo, así que de unas 50 mil personas en combate sólo
14 mil depusieron las armas.
Fin del conflicto
El presidente Portes Gil anunció que la iglesia católica se sometería a la ley
sin que la Constitución sufriera alguna modificación. Los levantamientos
siguieron, aunque con menos apoyo popular, pues la jerarquía eclesiástica
había cedido.
No fue sino hasta 1992 cuando el presidente Carlos Salinas de Gortari
reanudó las relaciones diplomáticas con el Vaticano y promulgó una nueva
ley de cultos. En ese tiempo el Congreso reformó el artículo 130 de la
Constitución, que ahora otorga personalidad jurídica a la Iglesia.
Referencias bibliográficas
La Cristiada, Jean Meyer. El Poder y la Gloria, Graham Greene (Novela). El
Llano en llamas, Juan Rulfo (Colección de cuentos).
http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_Cristera
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