No. 1483
Buscar ¿Dónde?

Época Precolombina
 

La historia de la época precolombina de México se conoce básicamente por el trabajo de los arqueólogos, pues no se dispone de fuentes escritas que permitan con detalle el desarrollo de los pueblos que habitaron el territorio que hoy se conoce como México durante el periodo que va desde la llegada de los seres humanos a estas tierras hasta la conquista española en el siglo XVI. Es excepcional el caso de los mayas del Período Clásico, y los mixtecos y mexicas del Período Posclásico, pues se cuenta con documentos sobre esas culturas, aunque sólo hasta fechas muy recientes se ha podido descifrar su contenido.


Poblamiento de América

Existen varias hipótesis acerca del poblamiento de América. La más aceptada de ellas la atribuye a las migraciones de pueblos paleomongoles que habitaban en Siberia antes de las glaciaciones. Cuando éstas ocurrieron, en el actual estrecho de Bering debió emerger un puente de tierra entre América y Asia debido al descenso en el nivel del mar. Siguiendo esta teoría, es posible que grupos de cazadores hayan llegado a América del Norte siguiendo a sus presas. Cuando concluyó la era glacial (muchos siglos después), los cazadores quedaron atrapados en el nuevo continente y fueron remontando estas tierras, en dirección hacia el sur.

Quizá un argumento para considerar otra posibilidad para el poblamiento de América es el hallazgo de restos humanos en La Toca, Brasil, fechados en 45 mil años aC, en tanto que los restos encontrados en American Falls, Estados Unidos, tienen unos dos mil años menos. De hecho otras teorías plantean la posibilidad de un poblamiento múltiple, desde África, Asia y Polinesia.


La Etapa Lítica

Los arqueólogos consideran que este amplio periodo de la prehistoria mexicana comienza con la llegada de los primeros seres humanos al territorio de lo que hoy se considera México. La conclusión de esta etapa varía de acuerdo con la región cultural que se trate, más temprana para Mesoamérica y más tardía para Aridoamérica. A lo largo de este vasto periodo, los grupos originales de cazadores y recolectores nómadas fueron evolucionando hacia formaciones sociales sedentarias dedicadas a la agricultura (en las zonas donde el medio lo permitía).

La Etapa Lítica adquiere su nombre de la gran cantidad de instrumentos fabricados con piedra datados de este tiempo. Esto no quiere decir que fuera el único material que aquellos grupos humanos conocieron, sino que éste fue el que mejor resistió el paso del tiempo. En ciertos autores, se la denomina como periodo Precerámico, pues consideran que la alfarería es una característica definitoria de las sociedades agrícolas.


Se subdivide en cuatro grandes periodos:

Arqueolítico: Va del 30.000 adC hasta el 9.500 adC. Se caracteriza por la elaboración de instrumentos en una tradición tecnológica incipiente, con ausencia de puntas de flecha. La tecnología lítica de este periodo estaba orientada más hacia el aprovechamiento de especies menores y el procesamiento de vegetales. Los sitios arqueológicos más representativos de este tiempo son Laguna Chapala, en Baja California; El Cedral, San Luis Potosí (el sitio más antiguo del que se tenga noticia); y Tlapacoya, Estado de México.

Cenolítico Inferior: Va desde el 9.500 adC al 7.000 adC. Es un periodo caracterizado por un cambio climático que motiva la transformación de las pautas de explotación del medio, la organización social y la tecnología. Uno de los elementos más distintivos de la tecnología de este periodo son las puntas Clovis, que han sido encontradas sobre todo en el norte de Sonora y en el valle de Tlaxcala. También se desarrollaron las tradiciones Folsom --en el desierto de Chihuahua y Tamaulipas-- y la tradición Paiján, en el sureste.

Cenolítico Superior: Este período inicia en el año 7.000 adC, pero su conclusión depende del área cultural en cuestión. En Mesoamérica y Aridoamérica, concluye con el desarrollo de las culturas agrícolas del Golfo, Oaxaca y Valle de México (hecho que define las diferencias entre ambas regiones); y en Oasisamérica, concluye con la consolidación de esta zona como un área cultural autónoma, aproximadamente hacia el año 100.

Para estas fechas, los grandes mamíferos, que eran base de la subsistencia de aquellos pueblos, habían sido extinguidos. Por ello, la economía se reorientó hacia la recolección y la caza menor. La consecuencia de este cambio en el modo de subsistencia propició el desarrollo de tecnologías destinadas al procesamiento de los vegetales (algunos instrumentos inventados en esta época, como el molcajete y el metate siguen en uso en muchas partes de México). Aunque el esquema de la explotación de recursos era similar para todas las regiones, se observa un proceso de diversificación cultural que dio origen a las culturas del desierto mexicano:

San Dieguito (Baja California)
Comondú (Baja California Sur)
Cochise (Sonora y Chihuahua)
Las Nieves (Coahuila y Chihuahua)
Jora-Mairán (Coahuila)
Caracoles y Las Chivas (Durango y Zacatecas)

Tradición de México Central
Las tradiciones culturales del Cenolítico Superior incorporaron el uso de fibras para cordelería, textiles y cestería. Sus patrones de residencia son más complejos que en periodos anteriores.

Protoneolítico: Se traslapa en el tiempo con el período anterior, pues va del año 5.000 adC al 2.500 adC, y está relacionado con el desarrollo de una agricultura incipiente en ciertas áreas de México, especialmente en el valle de Tehuacán, la zona Occidente de Jalisco y la región Cuenca del Balsas, donde algunos autores consideran que tuvo lugar la domesticación del maíz. Esta revolución tecnológica propició el desarrollo de nuevos instrumentos, con un mejor acabado respecto a los anteriores, en virtud de un mayor dominio de las técnicas de labrado de piedra. a lo largo de este periodo, la agricultura se convertirá poco a poco en el principal medio de subsistencia para el área mesoamericana, con lo cual, la historia precolombina de México seguiría caminos diferentes entre Mesoamérica y Aridoamérica.


El descubrimiento de la agricultura mesoamericana (8.000-5.000 adC)

Diversas especies de maíz criollo. En los últimos años, las investigaciones arqueológicas en Sudamérica ponen en duda el origen mesoamericano del maíz. [1]. Sin embargo, para efectos de la comprensión de la historia de la región, el desarrollo de la agricultura del maíz sigue siendo un hito importante, sea cual sea su origen.

Las razones por las cuales ocurrió la transición entre las sociedades de recolectores-cazadores y las agrícolas sedentarias no han sido bien establecidas. Algunos autores señalan que probablemente se debió a la incapacidad del sistema económico de apropiación directa de los recursos naturales para sustentar a la creciente población. Sin embargo, no se han encontrado indicios de un aumento importante de la población al inicio del periodo protoneolítico.

Lo que se sabe es que en ciertas regiones de la futura Mesoamérica, e incluso en el desierto tamaulipeco, se han localizado puntos de ocupación prolongada por milenios; algunos de los cuáles están relacionados con el desarrollo de ciertos cultivos. Por lo tanto, el descubrimiento de la agricultura en México debió ocurrir en varios núcleos, a partir de los cuáles se difundió a otras regiones.

Los cultivos más antiguos de México debieron ser el guaje y la calabaza, cuyos restos más antiguos datan del final del periodo Cenolítico Superior. Más tarde se domesticaron fríjol, maíz, maguey, nopal, yuca, jitomate, aguacate, amaranto, chile, zapote, ciruela y algodón. Tiene especial importancia la agricultura del maíz, base de la civilización mesoamericana. Nuevos fechamientos de los restos encontrados en Coxcatlán y Las Abejas, en el valle de Tehuacán, ubican en el año 3000 adC, y apuntan a que el proceso que llevó a la creación de la especie Zea mays, a partir de Zea mexicana (teocintle), debió ocurrir en la cuenca de México. Incluso, desde hace tiempo se disputa el origen del maíz, al cuál ciertos investigadores conceden un origen andino.



Aridoamérica


El desarrollo de las culturas agrícolas de Mesoamérica es tomada como el hito histórico que marca la separación de esta superárea cultural con respecto a Aridoamérica, ocupada por pueblos cazadores-recolectores nómadas. Esto, como se expuso en el apartado anterior, ocurrió aproximadamente en el año 2.500 aC.

El primero que empleó este término fue Paul Kirchhoff en 1954. Para diferenciar a los áridoamericanos de otros pueblos vecinos como los mesoamericanos y los indios de las praderas, Kirchoff distinguió los caracteres económicos (pueblos dedicados a la recolección de vegetales que combinaban de modo secundario con caza) y patrones de residencia (poblaciones nómadas) peculiares de la superárea. Incluyó en ella, además, a los pueblos recolectores y pescadores que tenían una agricultura poco desarrollada (como los pueblos de la sierra de Tamaulipas).

El paisaje áridoamericano es sumamente variado. Se extiende por planicies, montañas muy escarpadas, costas y mesetas. La vegetación y la fauna son igualmente diversas. Esto propició una fragmentación de las prácticas culturales, orientadas a la explotación eficiente de los recursos disponibles. Por ello, mientras los indios californianos disponían de madera y otros productos del bosque, los pueblos del desierto pasaban penurias en tiempos de crisis prolongada que incluso los llevaba a comer tierra o cortezas para engañar el hambre.

Kirchoff también propuso una división de Aridoamérica --que algunos autores llaman Gran Chichimeca) en áreas culturales para facilitar su estudio. Las regiones distinguidas por Kirchoff son las siguientes:



Oasisamérica
 

Sitio de Mesa Verde (Arizona), perteneciente a la cultura anazasi. Anazasi es una palabra que en idioma navajo significa los ancestros. Se supone que los actuales indios pueblo serían descendientes de los portadores de esta cultura.

Oasisamérica fue la última de las superareas culturales del México precolombino en desarrollarse. Es resultado de un lento proceso de introducción de las técnicas agrícolas de sus vecinos del sur (los mesoamericanos. La antigüedad de la agricultura oasisamericana es debatida, pues los indicios más antiguos, encontrados en Bat Cave, Nuevo México, parecen tener entre 5000 y 3500 años de antigüedad.

Uno de los factores del tardío desarrollo de la agricultura en esta región es la carencia de agua. De hecho, nace en el corazón desértico de Aridoamérica, en los extensos territorios de Chihuahua y Sonora (México), y en Arizona, Nuevo México, Nevada, Colorado y Utah, en el suroeste de los Estados Unidos.

Fueron muchos los pueblos que habitaron la región. Por su origen lingüístico pueden ser agrupados en hablantes de taracahita, tanoano, hokano y yuto-nahua. Con base en esta diferencia lingüística y ciertas características culturtales, Kirchoff estableció una división en siete áreas culturales. Con el avance de las indagaciones arqueológicas en Oasisamérica, en la actualidad se suelen considerar cinco áreas diferenciadas: Freemont, Patayán, Anazasi, Hohokam y Mogollón. De estas, las más importantes son las últimas tres, y las otras dos son periféricas.



Mesoamérica

Volcán Popocatépetl, Puebla. Este volcán domina el paisaje del valle de México, corazón del área mesoamericana y uno de los puntos más altos de la región

El término fue propuesto por Paul Kirchhoff, en virtud de que las culturas antiguas de los que hoy es México no pueden estudiarse desde el enfoque geográfico de la actualidad. México como formación política nace en el año 1810, con la declaración de independencia. Antes de la llegada de los españoles, el territorio estaba repartido entre más de un centenar de pueblos, muchos de ellos extintos ya. A pesar de la fragmentación política, algunos autores (como el mismo Kirchoff, Christian Duverger, y antes que ellos, Alfred Kroeber) notaron que los pueblos que se asentaron al sur de los ríos Fuerte y Pánuco compartían un conjunto de prácticas culturales que los unificaba.

Entre otras cosas, la subsistencia a base de maíz, la tecnología neolítica, los sacrificios humanos con fines rituales, la construcción de centros ceremoniales y la mitología común, la numeración vigesimal y la importancia de la cuenta del tiempo, son todos ellos elementos que la mayor parte de los autores consideran como parte de lo que Duverger llama "sustrato común de Mesoamérica".

Existe un acuerdo generalizado sobre la ubicación de Mesoamérica en la mitad sur de México (a partir de los ríos Sinaloa y Moctezuma-Pánuco) y una parte de América Central que incluye Guatemala, El Salvador, y el occidente de Nicaragua, Honduras y Costa Rica. No es una entidad geográfica estática a lo largo de sus 4 mil años de existencia. Sus fronteras, y en especial, la frontera norte, se contrajeron o expandieron en el transcurso de su historia, y alcanzaron su límite máximo en el Período Clásico, con el desarrollo de ciudades relacionadas con Teotihuacan en la planicie central mexicana.

Por lo tanto se trata de un área con una geografía sumamente diversa, en la que el norte es más o menos seco, y el sur adolece exceso de lluvias. La vegetación y la fauna cambian no sólo en función de la latitud, sino también de la altitud variable de la abrupta orografía del territorio. Al cabo de unas decenas de kilómetros es posible pasar de un clima de alta montaña a la sequedad de los valles centrales de Puebla y México.

En el contexto de la diversidad ecológica descrita anteriormente se desarrollaron las culturas mesoamericanas. Si bien, el medio contribuyó a la diversificación inicial de los primeros habitantes de Mesoamérica (que comenzaron a especializarse en ciertas actividades económicas acordes con los recursos disponibles de su entorno), los pueblos se vieron integradas en un proceso civilizatorio único que adquirió características regionales. Por ello los aqrqueólogos dividen Mesoamérica (con fines analíticos) en las siguientes áreas culturales:

Mapa de las áreas culturales de Mesoamérica



Guerrero: Ocupa aproximadamente el territorio del estado del mismo nombre, en el sur de México. De esta zona proceden los vestigios más antiguos de cerámica, que marca el inicio aproximado del inicio de la civilización mesoamericana.

  • Occidente de México: Ocupa los actuales estados de Michoacán Colima, Sinaloa y Nayarit, y parte de Jalisco. Aquí se desarrollaron, entre otras, las culturas Capacha (la más antigua de Mesoamérica), la Tradición de las Tumbas de Tiro y la cultura tarasca.
     

  • Golfo de México: Ocupa la llanura costera del Golfo de México, y la región que en México se conoce como La Huasteca. Aquí se desarrolló la cultura olmeca, el complejo más influyente del Período Preclásico considerado cultura madre.
     

  • Centro de México: Ocupa los valles de México, Puebla-Tlaxcala, Toluca, Tehuacán, Morelos y Mezquital, así como las montañas que los circundan. Fue el escenario de varias culturas muy conocidas de la antigüedad mexicana: Teotihuacan, tolteca y mexica.
     

  • Oaxaca: En esta zona de montañas y valles se desarrollaron dos culturas con un desarrollo continuo milenario: la mixteca y la zapoteca.
     

  • Área Maya: Ocupa la península de Yucatán y los territorios de Chiapas y el oriente de Tabasco en México, así como Guatemala, Belice y parte de El Salvador. No requiere mayor comentario: fue el escenario de la cultura maya.
     

  • Norte de México: Son las tierras ubicadas al norte de los ríos Moctezuma-Pánuco, Lerma y Sinaloa. Se trata de una región que formó parte de Mesoamérica en la época del auge teotihuacano. A la caída de esta ciudad, fue ocupada por pueblos cazadores aridoamericanos.
     

  • Centroamérica: Se trata de los territorios occidentales de Honduras, Nicaragua, Costa Rica y el oriente de El Salvador. Las culturas de esta región recibieron influencia de mesoamericana y chibcha, y su ubicación en ambas áreas es problemática durante los períodos Preclásico y Clásico. Sin embargo, en el Período Posclásico, se integró plenamente en Mesoamérica a causa de las migraciones nicarao y pipil (nahuas).
     

Horizontes culturales de Mesoamérica

La historia de Mesoamérica se divide en horizontes culturales o periodos. El nombre puede cambiar de acuerdo con los autores consultados, pero en general se acepta la división en tres grandes etapas, apuntadas someramente el los siguientes apartados del artículo. Se aclara que las fechas de conclusión de cada uno de los periodos también depende del desarrollo histórico de cada cultura o área cultural.


Período Preclásico (aprox. 2500 adC - 200 dC)

El comienzo del Período Preclásico es definido casi siempre a partir de los indicios más antiguos de la fabricación de cerámica. Los más antiguos de ellos fueron encontrados en Guerrero, cerca de la localidad de Puerto Marqués, y se calcula que datan del año 2440 adC.

Los primeros 1.300 años de este período son definidos como Preclásico Temprano. Se trata de una dilatada época en la que se van desarrollando lentamente los rasgos característicos de Mesoamérica. En esta tiempo, los procesos de sedentarización y la práctica de la agricultura se hallan plenamente consolidados. No obstante, los mesoamericanos del Preclásico Temprano debían complementar sus actividades económicas con con pesca, recolección y caza. La gente vivía en pequeñas aldeas de casas de barro, con una población reducida. Hacia el final de este horizonte algunas de ellas crecieron en población y llegarían a ser dominantes, como El Opeño en Occidente; Tlatilco, Coapexco y Chalcatzingo en el Centro; y San José Mogote en Oaxaca.

El desarrollo de estas aldeas es considerado como el marcador del inicio del Preclásico Medio (1200-400 a.C). La vida aldeana se volvió más compleja, y se establecieron redes de intercambio interregional entre las poblaciones dominantes. En virtud de esas redes, algunas de las grandes aldeas extendieron su influencia en regiones muy amplias de Mesoamérica.

Monumento 1 de La Venta. Cultura olmeca

Durante este periodo tiene lugar el desarrollo de la cultura olmeca, que resume todos los desarrollos culturales de los mesoamericanos de aquel tiempo. De esta cultura son los primeros indicios de escritura y del uso de calendario. Debieron tener una estructura social muy compleja que les permitió desarrollar su escultura y arquitectura monumentales. Los principales sitios de esta cultura son La Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo, ubicados en la llanura costera del Golfo de México. También se ha encontrado evidencia de ellos en Teopantecuanitlán (Guerrero), y en Chalcatzingo (Morelos), y se presume que sus relaciones con las áreas oaxaqueña y Maya contribuyó con el desarrollo cultural de esas regiones.

 

Vista aérea de la zona arqueológica de Cuicuilco, DF

La declinación de la cultura olmeca dio origen al periodo Preclásico Tardío (400 adC-150 dC). Se trata de una época de diversificación cultural y asimilación de los elementos olmecas en los sistemas culturales de cada pueblo. Con esa base dieron comienzo varias de las tradiciones más importantes de Mesoamérica. Sin embargo, Cuicuilco, en el sur del valle de México, y la Chupícuaro, en Michoacán, serían las más importantes. La primera llegó a convertirse en la mayor ciudad de Mesoamérica y principal centro ceremonial del Valle de México; y mantenía relaciones con Chupícuaro. La declinación de Cuicuilco es paralela a la emergencia de Teotihuacan, y se consuma con la erupción del Xitle (circa 150 dC), que motivó la migración de sus pobladores al norte del valle de México. La cultura Chupícuaro es conocida sobre todo por su producción alfarera, cuyas huellas se han detectado por una amplia zona ubicada entre el Bajío y la cuenca lacustre.

Hacia el final del Preclásico había comenzado la planificación de las ciudades que llegarían a ser emblemáticas de Mesoamérica, como Monte Albán y Teotihuacan.


Período Clásico (aprox. 200 - 900)

Este período está marcado por el apogeo teotihuacano y concluye con las migraciones nahuas y el establecimiento de centros regionales en el valle de México. Se divide en dos periodos: el Clásico Temprano y el Clásico Tardío.
 

Pirámide de la Luna. Teotihuacan

El Clásico Temprano abarca los primeros 400 años del periodo, y coincide con la época de mayor apogeo de Teotihuacan. Durante este periodo se consolidó el proceso de urbanización que se observaba desde el Preclásico Tardío. De esta suerte, nacieron ciudades como Cholula, en el valle Puebla-Tlaxcala; Monte Albán en los Valles Centrales de Oaxaca, Tikal y Calakmul en el área Maya. Las obras hidráulicas que permitieron la alta eficiencia de la agricultura mesoamericana también estaban bien desarrolladas en esta época.

La escena histórica fue dominada por los teotihuacanos, que convirtieron a su ciudad en el centro de una amplia red de intercambios comerciales que involucraban especialmente a todos los pueblos mesoamericanos y de Oasisamérica, de los cuáles se obtenía la turquesa, uno de los artículos suntuarios más característicos de la civilización mesoamericana. Los teotihuacanos monopolizaban la distribución de la cerámica Anaranjado Delgado, una de las más finas y apreciadas de la época, producida en Puebla, y las minas de obsidiana, alabastro y otros minerales de vital importancia para la vida cotidiana de los antiguos mesoamericanos.

 

Relieve de Palenque, Cultura maya

Estos productos eran intercambiados con otros pueblos por mercancía de la cuál los teotihuacanos no disponían en su área de influencia directa. Teotihuacan, además, fungía como gran intermediario entre las diferentes regiones de Mesoamérica. La importancia de las rutas comerciales controladas por los teotihuacanos está reflejada en el crecimiento de poblaciones en el área Norte de México, que durante esta época queda integrada en la civilización mesoamericana. Entre estas ciudades se cuentan Altavista y Loma de San Gabriel.

Teotihuacan era una ciudad cosmopolita y multiétnica. En ella se ha encontrado indicios de presencia oaxaqueña y de los pueblos del Golfo, que ocupaban barrios enteros de la ciudad. De igual manera, es patente la presencia teotihuacana en Monte Albán y en Tikal, corazón del área Maya que por aquél tiempo vivía su primer periodo de apogeo.

Hacia el año 600 comenzó el proceso de declinación de Teotihuacan. Este hecho marca el inicio del Clásico Tardío, caracterizado por la época del gran florecimiento de las culturas maya y zapoteca, y las modificaciones en el panorama político del Centro de México (que afectaron a Mesoamérica entera).

Los mayas habían mantenido relaciones comerciales con Teotihuacan a durante el Clásico Temprano. Algunos autores sospechaban que la presencia de rasgos culturales teotihuacanos en Tikal y otros centros importantes de la zona sugería que los mayas habrían estado sujetos al dominio directo de los teotihuacanos. Sin embargo, interpretaciones más recientes de esos materiales apuntan a que la relación entre Teotihuacan y los mayas fueron de otra índole, comercial seguramente. A la luz de este enfoque, la presencia de elementos y objetos del altiplano en Tikal puede interpretarse como una estrategia de la élite maya para conferirse legitimidad a sí misma, puesto que Teotihuacan era el Estado más poderoso de Mesoamérica.

 

Plaza de Monte Albán. Cultura zapoteca

Con la decadencia consumada de Teotihuacan, en 750, las ciudades mayas también entraron en crisis. Se especula que una combinación de desordenes políticos, en el contexto de un desajuste climático, puso en jaque a los gobernantes de muchas ciudades de la región. De esta manera, la cultura maya clásica encontró su fin hacia el año 800.

Los zapotecos fueron otro pueblo que mantuvo relaciones con Teotihuacan. Pero en este caso, las relaciones iban más allá del intercambio comercial: eran aliados. Como se dijo más arriba, en Teotihuacan fue encontrado un barrio completo de zapotecos, que tenía su correspondiente en la metrópoli oaxaqueña. Cuando se vio interrumpida la relación, por la emergencia de Estados rivales de Teotihuacan en el Centro de México, los zapotecos continuaron con su desarrollo cultural autónomo, que vio la época de mayor florecimiento entre los años 750 - 850. Sin embargo, como ocurrió en el caso de Teotihuacan y el área maya, la capital zapoteca también declinaría y sería finalmente abandonada.


 

Murales de Cacaxtla. Olmeca-xicalanca. Epiclásico

Aprovechando la debilidad de las metrópolis, varias ciudades cobraron fuerza y tomaron posiciones centrales en las rutas de intercambio que sostenían la hegemonía de Teotihuacan. En este panorama, surgieron centros regionales en el Centro de México: Xochicalco, en Morelos, controlaba el comercio con el Área Maya; Cholula, en Puebla-Tlaxcala, hacía lo propio con el sureste; Teotenango, con el Occidente de México. El creciente poder de estas ciudades -y otras como Cacaxtla y Cantona- terminó por extrangular a Teotihuacan, que colapsó hacia el año 750.

Este periodo es conocido como Epiclásico, y se trata de una época de fuertes desórdenes y reacomodos políticos, y culmina con las primeras migraciones de los pueblos del Norte de México (entre los cuales venían los nahuas) motivadas por las sequías prolongadas que arruinaron las sociedades agrícolas de la región. Los mismos centros regionales que rivalizaron en esta época fueron construidos con el aporte de pueblos migrantes (por ejemplo, los olmeca-xicalancas que arribaron a Cacaxtla y Xochicalco en esa época). De esta manera, la civilización mesoamericana reforzó su carácter multiétnico.


Periodo Posclásico (800/900 - Conquista española)
El Posclásico es dividido por los arqueólogos en dos épocas, el Posclásico Temprano (800/900 - 1100), dominado por Tula y la cultura tolteca; y el Posclásico Tardío, tiempo del imperio mexica (1100 - 1521/1694). Siempre es conveniente aclarar que la calendarización es variable de acuerdo con la historia regional, dado que normalmente se toma como referencia lo que ocurría en el centro de México.

 

Atlantes de Tula. Cultura tolteca

Se suele considerar que el Posclásico fue una época dominada por pueblos guerreros y sanguinarios que causaron la ruina de las culturas clásicas, característicamente pacíficas y entregadas a la religión. A la construcción de este arquetipo contribuyó de manera notable Román Piña Chan. Sin embargo, como señala López Austin en El pasado indígena, el belicismo también estuvo presente en los periodos anteriores, especialmente entre los mayas. Lo que ocurrido durante el Posclásico sería la exacerbación del carácter guerrero de las sociedades mesoamericanas, debido en parte a la gran competencia entre Estados muy poderosos y a las migraciones.

Las migraciones marcan la pauta del Posclásico Temprano. Se trataba de pueblos norteños que habían sido empujados hacia el sur, ya por el expansionismo de otros grupos beligerantes o por el desaztre ecológico que ocasionó la caida de las culturas del Norte de Mesoamérica. A estos grupos se les conoce como chichimecas, un término recogido por los cronistas de Indias de sus informantes, y que equivale a bárbaro. La descripción de estos grupos como bárbaros no es muy adecuada, en tanto que, por principio de cuentas, muchos de ellos formaban parte de la esfera de influencia de Mesoamérica, y en última instancia, no constituían una unidad étnica.

Fueron muchos los grupos que llegaron a Mesoamérica durante este periodo. Entre ellos podemos contar a los tlahuicas, que ocuparon el valle de Morelos, y otros grupos de filiación nahua que se tomaron posesión de la cuenca lacustre de México y del valle poblano tlaxcalteca. Con ellos venía un grupo, comandado por Mixcóatl, que se asentó en Culhuacán y se mezcló con la población originaria, afín a la teotihuacana. Más tarde, el hijo de Mixcóatl, Ce Ácatl Topiltzin Quetzalcóatl, partiría de Culhuacán hacia el norte, donde fundó Tula.

Los toltecas iniciaron un proceso de expansión, que los llevó a establecer relaciones con otros Estados importantes, que también buscaban el respaldo de Tula para legitimarse. Tal es el caso del efímero Estado mixteco de 8 Venado Garra de Jaguar, que tras derrotar a varios de los más importantes señoríos del siglo XI, forzó la unificación política de buena parte de la Mixteca bajo su persona. Para hacerlo, recurrió al prestigio de Tula como centro hegemónico, con el que estableció alianza. Sin embargo, 8 Venado fue asesinado y tras ello, la Mixteca entró en un proceso de desntegración. Más tarde, los mixtecos habrían de invadir el territorio tradicional de sus vecinos zapotecos, desplazándolos hacia el istmo de Tehuantepec, en el oriente.

 

El Castillo. Chichén Itzá. Cultura maya

La relación entre el Estado tolteca y los reinos yucatecos ha desconcertado a los arqueólogos. El extraordinario parecido entre Tula y Chichén Itzá es el motivo de ello. Se ha sugerido que Tula colonizó la península de Yucatán; o que cuando la élite tolteca fue expulsada de la ciudad, sus vínculos con los itzáes (pueblo de filiación maya que vivía a la sazón en Campeche) les permitieron ocupar por la fuerza la ciudad de Chichén. En cualquiera de los dos casos, los recién llegados habrían decidido edificar una réplica de la antigua capital. La hipótesis contraria, sostenida por Piña Chan, convierte a Tula en una colonia y réplica de Chichén.

Sin embargo, es más plausible que el fenómeno de las ciudades gemelas separadas por cientos de kilómetros tenga una explicación similar a la ofrecida para el caso de la presencia teotihuacana en Tikal. Es muy probable que grupos migrantes, portadores de la cultura tolteca (o zuyuana, como la llaman López Austin y López Luján), se hayan instalado en Yucatán y hayan terminado por fundirse con los nativos y llegar a ocupar posiciones privilegiadas. Para legitimar su poder debieron recurrir a su antiguo vínculo con Tula, considerada la ciudad de Quetzalcóatl, y ello explicaría la presencia de ciertos rasgos típicos del Centro de México en las artes mayas de aquél tiempo.

La caída de Tula está relacionada con la misma inestabilidad política interna que había motivado su expansión. La ciudad fue semiabandonada, y muchos de sus pobladores huyeron hacia la cuenca lacustre de México, para asentarse nuevamente en al pie del Cerro de la Estrella. Al mismo tiempo, se producían nuevas migraciones, como la de los pipiles y nicaraos hacia Centroamérica, o la de los mexicas, hacia el centro de México.

Durante el periodo comprendido entre la caída tolteca (ca. 1100 dC) y la derrota de Azcapotzalco por Tenochtitlan (1430), hubo un vacío de poder, aprovechado por ciudades de menor envergadura que cobraron un nuevo y breve florecimiento. Entre ellas se cuenta Cholula, ciudad de añeja tradición y relacionada con el culto a Quetzalcóatl, y Culhuacán, que fue ocupada por refugiados toltecas.

A la llegada de los mexicas a la cuenca lacustre, la escena era dominada por los tepanecas de Azcapotzalco, pues Culhuacán había entrado en decadencia. Tras un periodo de constante cambios de residencia, se establecen en el islote de México, en territorio de Azcapotzalco. Sin embargo, establecieron una alianza con los culhuas, rivales de los tepanecas, a los que finalmente derrotaron en compañía de Texcoco y Tlacopan, coaligados en la Triple Alianza.

De esta manera, comenzó un periodo expansionista militar y comercial encabezado por los mexicas, que llegó a dominar casi toda Mesoamérica. El expansionismo estaba basado en la ideología religiosa de los mexicas, quienes se consideraban a sí mismos como hijos del Sol. En tanto que sus hijos, los mexicas tenían la obligación de proporcionar alimento a los dioses (sangre y corazones, que en la religión mesoamericana eran símbolos del tonalli o fuerza cósmica), por lo que emprendían guerras con la misión de capturar presos. Es por ello que permitieron la relativa independencia de Tlaxcala, de la que obtenían cautivos en las Guerras Floridas (Xochiyáotl) necesarios para el sacrificio ritual.

Además de Tlaxcala, peranecieron imbatibles Meztitlán al norte; Teotitlán del Camino, al oriente; Yopitzinco en la costa de Guerrero; el señorío mixteco de Tututepec y el reino zapoteca de Tehuantepec. Estos dos últimos se coaligaron y le propinaron al ejército mexica una memorable derrota en Guiengola. El tlatoani mexica, para evitar consecuencias más graves, decidió casar a su hija con el rey de los zapotecos, Cocijoeza.


Cultura tarascaOtro de los rivales imbatibles de los mexicas fue el Estado tarasco. Su formación comenzó alrededor del año (1450), como producto de la unión de un pueblo llegado del norte (los uacúsechas) con los pobladores nativos. Los tarascos tuvieron tres capitales sucesivas (Pátzcuaro, Ihuatzio y Tzintzuntzan), ubicadas en las inmediaciones del lago de Pátzcuaro. Con el tiempo, la supremacía la conservó Tzintzuntzan. A partir de allí tuvo lugar el expansionismo de los tarascos, que los llevó a ocupar el actual estado de Michoacán y áreas circunvecinas. En su expansión hacia el oriente, se encontraron con los mexicas, con quienes se enfrentaron en varias ocasiones, y no pudo vencer un bando al otro definitivaente.

Mientras tanto, en Yucatán, los itzáes habían sido expulsados de Chichén por los cocomes de Mayapán, con lo cual se rompió la alianza establecida entre estos reinos y Uxmal. Esta confederación es conocida con el nombre de Liga de Mayapán. Al disolverse, la península se vio envuelta en una cadena de guerras entre estados vecinos que disputaban el control político de la región. Ese fue el panorama que encontraron los españoles a su llegada a Mesoamérica en el año 1517.


El fin del México prehispánico

La conquista de México-Tenochtitlan por parte de los españoles, ocurrida en 1521, suele ser tomada como la conclusión de la época precolombina de México. Sin embargo, es necesario hacer hincapié en que la conquista y el sometimiento a España no ocurrió al mismo tiempo para todos los pueblos. La región oaxaqueña no caerá bajo el control de Hernán Cortés hasta la década de 1560. El último reducto de la resistencia maya, en Tayasal, será rendido hasta 1697.


Referencias
CARMACK M. Robert (ed.) (1996). The legacy of Mesoamerica: history and culture of a Native American civilization. Prentice Hall. Nueva Jersey.
LÓPEZ Austin, Alfredo, y Leonardo Luján López (2001). El pasado indígena. Fondo de Cultura Económica -- El Colegio de México. México.
REVISTA ARQUEOLOGÍA MEXICANA (2000). Atlas del México Prehispánico. Núm. especial 3. Editorial Raíces. México.

http://es.wikipedia.org