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El Dr. Manmohan Singh, nacido el 26 de septiembre de 1932, es el
decimotercero Primer ministro de la India y miembro del Partido
del Congreso. Accedió a la presidencia del gobierno de la India
tras la victoria en las elecciones de 2004 de la coalición
encabezada por el Partido del Congreso. Tomó posesión del cargo
después de que la presidenta de esta formación Sonia Gandhi,
viuda de Rajiv Gandhi, dirigente político asesinado en 1991,
renunciara a ocuparlo, ante las críticas recibidas de ciertos
sectores políticos por ser de origen extranjero (italiana de
nacimiento).
El apellido Singh, extendidísimo en la península
indostánica y en la diáspora internacional (sólo en Estados
Unidos los residentes con ese patronímico se aproximan a los
30.000), es compartido con muchos hindúes, pero los sijs lo
portan casi universalmente como una suerte de sobrenombre y como
un distintivo de su fe; en el idioma punjabí singh adquiere el
significado de león.
En el mosaico racial y religioso de India, y entre la
inmigración asiática en Occidente, los sijs varones se
identifican de manera inconfundible por sus espesas barbas y una
indumentaria que incluye el característico turbante ahusado o
dastar, el cual oculta una larga caballera enrollada -que, en el
caso de los sijs más piadosos, jamás habrá conocido la tijera
del peluquero- y que en determinadas circunstancias es
intercambiable por un cubrecabezas de paño más sencillo, el
patka. Considerados un pueblo emprendedor, orgulloso de sus
especificidades culturales y religiosas y, a diferencia de los
hindúes de muchas regiones de la península, de carácter no
sumiso o quietista, los sijs fueron reclutados por miles por el
Ejército británico como tropa de choque en sus campañas
militares en Asia y Europa. Con un criterio etnológico
arbitrario, los militares de la metrópoli identificaron a los
sijs como una de las “razas marciales” de India.
Los Singh eran naturales de Gah, un villorrio rural que hoy
forma parte del distrito pakistaní de Chakwal, entre Islamabad y
Lahore. Aunque los documentos oficiales indios prefieren pasar
de puntillas sobre los orígenes “pakistaníes” del nuevo primer
ministro y sitúan su patria chica en la “India no dividida”,
antes de la traumática partición del virreinato británico que
alumbró el nacimiento de los estados independientes de India y
Pakistán en agosto de 1947, la prensa del país vecino aporta
documentación que demuestra el paso del muchacho entre 1937 y
1941 por la escuela pública de primaria de Gah, sin lugar a
dudas su lugar de nacimiento.
Estas fuentes periodísticas pakistaníes aseguran también que el
padre era un zapatero remendón de los kohli, una subcasta de los
kshatriyas (en el hinduismo tradicional, los kshatriyas, ligados
a la milicia y la administración, componían el segundo estrato
de la jerarquía social), un dato que se desprende también de las
divulgaciones de algunas cabeceras de prensa indias, que nombran
al padre y a un hermano del político con los apellidos Singh
Kohli. Sin embargo, este segundo apellido, que arroja dudas
sobre la filiación sij e introduce un aspecto hinduista en su
currículum, no es reconocido por el interesado.
Otros dos primeros ministros de India, Gulzarilal Nanda (1964 y
1966, en funciones) e Inder Kumar Gujral (1997-1998), también
eran punjabíes oriundos del otro lado de la frontera, si bien de
religión hindú. Singh es, por tanto, el primer jefe de Gobierno
indio de confesión sij, de hecho, el primero no hindú, en tanto
que Zail Singh estableció el mismo precedente en la otra
institución del Ejecutivo nacional, la Presidencia de la
República, entre 1982 y 1987. Sobre el sijismo es necesario
recordar que se trata de la quinta religión mundial con 23
millones de practicantes, 20 de los cuales viven en India y se
concentran a su vez en el estado de Punjab, donde representan el
60% de la población. Como consecuencia de los masivos trasiegos
demográficos y los pogromos intercomunitarios de 1947, en la
provincia homónima de Pakistán apenas constituyen el 2% de la
población. De los 1.065 millones de habitantes con que hoy
cuenta India, únicamente el 1,9% es sij, siendo así que los
cristianos les superan levemente.
Esta fe de rasgos sincréticos pero con características que la
convierten en una religión revelada singular e independiente,
fue fundada por el gurú Nanak a finales del siglo XVI tomando el
carácter único e irresistible de Dios, ya se llamé Alá o Brahma,
propio del Islam, y conceptos centrales del hinduismo como son
el karma, el ciclo de reencarnaciones del alma humana y el
carácter inane del mundo material o maya. El adepto sij aspira a
una aproximación mística a Dios mediante la devoción diaria (bhakti),
cuyas expresiones más intensas son el pensamiento sobre el ser
supremo y la repetición incesante de su nombre.
También, rechaza el sistema de castas del hinduismo y cualquier
forma de “comportamiento ilógico” (peregrinaciones, abluciones,
sacrificios, ritos funerarios, adoración de imágenes e
iconografía religiosa), asume la igualdad y la fraternidad entre
todos los hombres, no precisa de ningún sacerdote u oficiante
para la práctica religiosa (no existe, por tanto, una clase
clerical) y se somete a una disciplina ética y moral que apuesta
por los valores positivos, la vida familiar, el desapego de los
bienes materiales, la abstinencia del alcohol o el tabaco, y el
trabajo profesional atento a las necesidades de la comunidad. El
sijismo cree que la salvación después de la muerte consiste en
librarse de la fatalidad causal del karma, en despojar al alma
de su aspecto individual y en permitir su absorción por el único
ser verdaderamente real, Dios, aunque no niega la existencia de
otras vías salvíficas del hombre en el seno de distintas
religiones.
En los informes biográficos facilitados por medios políticos y
periodísticos indios no se aclara en qué momento Singh y sus
familiares se trasladaron a vivir a India, concretamente a
Amritsar, la capital espiritual del sijismo por erigirse allí el
Templo Dorado, construido por los gurús que sucedieron a Nanak y
que custodia el Libro Sagrado con las enseñanzas de los
fundadores de la fe (en tanto que la capital política, Lahore,
fue adjudicada por los planificadores de la independencia a
Pakistán), aunque cabe suponer que aquello sucedió en el año,
fausto y terrible a la vez, de 1947, cuando 10 millones de
hindúes, musulmanes y sijs se cruzaron en el mayor
desplazamiento de población de la historia contemporánea para
huir de las violencias sectarias y nacionalizarse en el país que
salvaguardara a su religión.
Así, este éxodo gigantesco, ya de por sí dramático, estuvo
acompañado del exterminio masivo de miembros de las tres
comunidades a cargo de hordas de fanáticos, con un balance no
inferior al medio millón de asesinados, amén de marcar el
prólogo de dos nuevas desgracias, el estallido de la guerra con
Pakistán por el territorio disputado de Cachemira, vecino del
Punjab en su frontera norte, y el asesinato del padre espiritual
de la independencia de India, el mahatma Gandhi.
Las fuentes informan que hacia 1948 Singh realizó con éxito sus
exámenes de matriculación en la Universidad del Punjab, sin
especificar qué centro de la red de una prestigiosa institución
académica que quedó desgarrada como el resto del país, aunque
todo indica que se trató del college de Chandigarh, que hasta el
año anterior había dependido de la casa madre en Lahore. En esta
ciudad al norte de Delhi, el Estado indio puso en marcha en 1956
su propia Universidad Panjab (aunque ambas grafías, Punjab y
Panjab, suelen usarse indistintamente para hablar de la región
histórica y de las actuales entidades subestatales, en India se
denomina así a su universidad para diferenciarla de la
Universidad del Punjab que sigue funcionando en Pakistán).
En 1952 el joven obtuvo la diplomado en Economía y continuó
estudiando en Chandigarh hasta terminar la carrera al cabo de
dos años. En 1957 marchó al Reino Unido para obtener la
licenciatura en Economía por el St. John's College de
Cambridge y el doctorado por el Nuffield College de Oxford, ya
en 1962 y con una importante experiencia docente a sus espaldas.
Un año más tarde, en 1963, encabezó la cátedra de su
departamento en la Universidad Panjab y alcanzó el primer hito
de una carrera como profesor de Economía y Comercio
Internacional que, prolongada en la afamada Escuela de Economía
de la Universidad de Delhi y aderezada de nociones que en aquel
momento resultaban heterodoxas para la opinión mayoritaria de
las élites políticas y el conjunto de la sociedad, le convirtió
en una celebridad en ambientes intelectuales y económicos de
dentro y fuera de las aulas.
Su libro Las tendencias exportadoras de India y las perspectivas
del crecimiento autosostenido, editado por un sello londinense
en 1964 y que de hecho era su tesis doctoral, contenía una
crítica al modelo desarrollista socializante escogido por el
Gobierno federal que dirigía el Partido del Congreso o Congreso
Nacional Indio (INC), cuyo líder histórico, Jawaharlal Nehru,
falleció ese mismo año y abrió el camino a la sucesión por su
hija, Indira Gandhi, tras un interregno de dos años guiado por
otro de los dirigentes del INC, Lal Bahadur Shastri. En aquel
ensayo y en otros libros y artículos de la copiosa bibliografía
que iba a producir, Singh vertía objeciones al proteccionismo
aduanero, los planes quinquenales de inspiración soviética y la
omnipresencia del Estado en la economía como agente regulador de
los flujos de capital y de la oferta y la demanda internas de
bienes y servicios, en detrimento del endeble sector privado y
el sector exterior.
Identificado, por tanto, como un pionero, por de pronto sólo en
el terreno de la teoría, del liberalismo económico en esta parte
de Asia, a lo largo de la década de los sesenta Singh continuó
impartiendo clases y publicando trabajos, pero sus servicios de
experto empezaron a ser reclamados desde las instituciones de la
ONU y del propio Estado indio. Entre 1966 y 1969 trabajó en
Nueva York como alto funcionario de la Conferencia de las
Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo (CNUCED, o
UNCTAD), en 1971 fue contratado como consultor por el Ministerio
de Comercio Exterior de su país y un año más tarde fue nombrado
jefe del equipo de asesores económicos del Ministerio de
Finanzas.
En noviembre de 1976 hizo el salto a la alta función financiera
del Estado como director del Banco de Reserva de India (RBI) a
la par que director también del Banco de Desarrollo Industrial (IDBI),
dos posiciones que le reportaron una profusa experiencia
internacional, siendo numerosas sus jefaturas de delegación
nacional en reuniones y conferencias bilaterales con los países
socios o multilaterales en los ámbitos de la cooperación Sur-Sur
y la Commonwealth, así como en las juntas de gobernadores de los
organismos de crédito.
Cuando en marzo de 1977, el INC, por primera vez desde la
independencia, perdió las elecciones generales y la oposición
conservadora que lideraba el nuevo Partido Popular (Janata
Party, JP) de Morarji Desai, un tránsfuga del oficialismo,
capitalizó el agudo descontento popular que habían generado las
maniobras autoritarias de Gandhi para perpetuarse en el poder y,
por ende, se hizo con las riendas del Ejecutivo, Singh no sólo
quedó confirmado en sus dos jefaturas bancarias sino que además
fue integrado en el flamante Gobierno de Desai como secretario
del Departamento de Asuntos Económicos del Ministerio de
Finanzas.
En enero de 1980 la experiencia gubernamental del JP, en
realidad una federación de partidos de lo más heterogénea e
incapaz de ahuyentar las divisiones internas, tocó a su fin con
el retorno triunfal al poder del INC y Gandhi por veredicto de
las urnas. Sin solución de continuidad, Singh fue removido de
sus puestos directivos y rebajado a uno meramente burocrático,
una membresía en el Secretariado de la Comisión de Planificación
Económica. Sin embargo, en septiembre de 1982 el Gobierno de
Gandhi volvió a acordarse de él y le otorgó un asiento con más
lustre, en la junta de gobernadores del Banco de India.
1984 fue un año dramático en la historia de India y en
particular para la comunidad sij. El 6 de junio, culminando una
escalada de violencia sectaria en el Punjab entre extremistas
sijs y ultranacionalistas hindúes de extrema derecha, el
Ejército lanzó una vasta operación antiterrorista, llamada
Bluestar, contra el Templo Dorado de Amritsar, donde se habían
hecho fuertes cientos de separatistas sijs armados; el asalto
derivó en una batalla a muerte en la que perecieron cerca de 500
sijs, entre ellos los dirigentes políticos separatistas, y menos
de un centenar de soldados.
En los ambientes sijs radicalizados que exigían la segregación
del Punjab como un Estado independiente con el nombre de
Jalistán, la matanza de Amritsar fue encajada como un crimen de
proporciones blasfemas, al haberse derramado sangre en un
recinto sagrado. En este clima de odio y de afanes de venganza
aconteció, el 31 de octubre, el asesinato de la primera ministra
a manos de dos miembros sijs de su escolta personal. El
magnicidio de Gandhi convulsionó terriblemente el país asiático,
que fue succionado por una espiral de crímenes revanchistas en
los que perdieron la vida cerca de 3.000 sijs de toda edad y
condición en Nueva Delhi y otras ciudades. Rajiv Gandhi,
primogénito de Indira, fue designado por el INC nuevo líder del
partido y primer ministro.
Singh fue testigo silencioso de las difíciles vicisitudes por
las que atravesó su comunidad. Nombrado en enero de 1985
vicepresidente de la Comisión de Planificación Económica, el
economista fue acercándose progresivamente a las filas del INC,
cuyo máximo rival político en el Punjab era una fuerza
confesional sij, si bien moderada, pacifista y leal con las
instituciones federales, el Partido Religioso Akali (Shiromani
Akali Dal, menos conocido por su sigla SAD). El Akali Dal venía
encabezado el Gobierno punjabí desde 1967, a excepción de los
períodos 1972-1977 y 1980-1983. Su líder, Harchand Singh
Longowal, fue asesinado por sijs extremistas en agosto de 1985
tras haber firmado con Gandhi un acuerdo de convivencia.
Lo que sucedió a este nuevo magnicidio fue un empeoramiento
progresivo de la revuelta de los sijs secesionistas y la
multiplicación de los asesinatos sectarios, induciendo a las
autoridades de Nueva Delhi en mayo de 1987 a decretar en el
Punjab la administración presidencial directa, lo que supuso la
disolución del Gobierno y la Asamblea estatales. Poco después,
Singh se convirtió en comisionado del Gobierno federal en el Sur
y el Movimiento de Países No Alineados le confirió la Secretaría
General de su Comisión Sur, con sede en Ginebra y siendo su
responsable el ex presidente tanzano Julius Nyerere.
En diciembre de 1990, el entonces primer ministro federal,
Chandra Shekhar, jefe de una facción disidente del izquierdista
Partido Popular (Janata Dal, JD) y cabeza circunstancial del
Frente Nacional que había desalojado al INC del poder a raíz de
las legislativas del año anterior, le tomó a su servicio como
asesor en Asuntos Económicos. Como había sucedido en la década
de los setenta con el JP, el experimento gubernamental del
Frente Nacional no prosperó y tuvieron que convocarse elecciones
legislativas anticipadas para mayo de 1991. Singh aceptó
convertirse por cuenta del INC en miembro del Rajya Sabha o
Cámara de los Estados (alta) del Parlamento, proceso que está
sustraído al sufragio popular y que resuelven los diputados de
las asambleas de los estados y territorios, y a tal fin, en
marzo, se despidió como asistente de Sekhar.
El proceso electoral fue estremecido el 21 de mayo por el
asesinato en Tamil Nadu de Gandhi, que se disponía a recuperar
la jefatura del Gobierno, en un atentado terrorista cometido por
extremistas tamiles indios o srilankeses. Pamulaparti Venkata
Narasimha Rao fue el reemplazo de emergencia del INC para asumir
su liderazgo y conducirle a la victoria, como así fue, aunque no
por mayoría absoluta. El 21 de junio tomó posesión el Gobierno
minoritario de Rao y en él Singh, que, sin sorpresas, había
ganado el escaño senatorial, recibió la cartera de Finanzas,
alcanzando el punto más alto hasta la fecha en su carrera de
sirviente público, que entraba ahora en una etapa propiamente
política.
El Gobierno congresista heredaba una situación económica muy
preocupante: India era presa del fenómeno pernicioso de la
stagflation, o inflación sin crecimiento, de unos abultados
déficits en las balanzas de pagos y comercial debido a la
penuria de inversiones foráneas y a la reciente escalada en los
precios del petróleo –que India ha de importar en buena parte-
como consecuencia de la crisis de Kuwait, y de un
superendeudamiento interno y externo. En su discurso de estreno
ante el Parlamento, Singh no se anduvo por las ramas en su
diagnóstico del presente estado de cosas y afirmó: "el país está
al borde del precipicio, y no hay tiempo que perder".
Nada más posesionarse de su despacho, desde el que iba a
gobernar como una especie de co-primer ministro para la economía
y las finanzas mientras que Rao, un estadista no carismático y
de proceder cauteloso, se centraba en el orden político interno
(violentamente sobresaltado ahora por las agitaciones de los
ultranacionalistas hindúes en Uttar Pradesh y el separatismo
musulmán en Cachemira, en tanto que el terrorismo sij en el
Punjab remitía a ojos vista, permitiendo a Nueva Delhi restaurar
las instituciones políticas del estado en febrero de 1992,
aunque ahora llevando las riendas la rama local del INC) y en
las relaciones internacionales, Singh relanzó el diálogo
crediticio con el FMI y el Banco Mundial para obtener ayudas de
contingencia que detuvieran el peligroso descenso de las
reservas de divisas al tiempo que, y, lógicamente, en relación
directa con lo anterior, ordenaba un ajuste estructural.
En el lustro siguiente, Singh, un admirador confeso de Margaret
Thatcher (con la que se entrevistó en varias ocasiones), se
distinguió como el artífice de las políticas económicas de
aperturismo y liberalización que supusieron el abandono
definitivo del Swadeshi, concepto de tintes autárquicos, caro a
los sectores tradicionalistas del INC, que apostaba por la
confianza en los recursos y las capacidades domésticas del
desarrollo, y el tránsito de un sistema con acentos dirigistas a
otro más desregulado, con un peso creciente del sector privado y
animoso de integrarse en los mercados internacionales, luego
menos acomplejado ante los imperativos del capitalismo y la
globalización en curso.
Blanco de ataques de los partidos de izquierda y de los
sindicatos, que le acusaron de lanzar reformas que únicamente
beneficiaban a las rentas altas, al final del período Singh
defendió una gestión cuyo logro más visible fue el salto en la
evolución del PIB, desde un paupérrimo 1,5% en 1991, tasa
inferior al crecimiento demográfico, hasta un respetable 6,2% en
1995. A este comportamiento positivo contribuyeron todos los
sectores y muy en especial la industria. Con todo, si se
comparaban con las tasas de crecimiento de los países vecinos
del sudeste asiático y de China, las cifras indias del 5% o el
6% anuales no tenían nada de excepcional.
El ministro de Finanzas consiguió también ahuyentar el espectro
de la suspensión de pagos, que rondó al Estado indio a finales
de 1990 y principios de 1991, pero a mediados de la década, con
una deuda externa total rayana en los 100.000 millones de
dólares, el gigante asiático continuaba siendo el tercer país en
desarrollo más endeudado del planeta después de Brasil y México.
Los estudios sociales mostraron un frenazo en la reducción de la
pobreza, campaña que había tenido resultados sobresalientes en
la década de los ochenta, y ello estuvo ligado a las
dificultades para domeñar las alzas en los precios. En
ocasiones, Singh pareció dar prelación a la política monetaria
restrictiva frente al estímulo de la producción, y otras veces
fue al contrario. La inflación tuvo una ligera tendencia a la
baja, pero no se libró de repuntes trimestrales que fueron
achacados a la volatilidad de los precios de productos agrícolas
básicos. La inflación para el conjunto de 1995 a duras penas
abandonó los dos dígitos, si bien en mayo de 1996 la tasa
interanual estaba constreñida al 5%.
En un sentido general, entre 1991 y 1996 India avanzó
decisivamente en la desregulación financiera (por ejemplo, el
capital extranjero recibió luz verde para especular en el
mercado bursátil), la flexibilización del control de cambios, la
convertibilidad parcial de la rupia, la abolición de las
licencias de importación y la reducción de los aranceles para
los bienes entrantes. Se practicó también una campaña de
privatizaciones, de alcance limitado, y se simplificó el sistema
fiscal.
Dado su insospechado potencial de negocios y de consumo a cargo
de una clase media cada vez más abundante y de un sector
productivo en auge, India se convirtió en un país a tener en
cuenta por empresas y bancos de la Unión Europea, Estados
Unidos, Japón y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático
(ASEAN). Finalmente, toda vez que el Gobierno fracasó una y otra
vez en contener el exagerado déficit fiscal, que en algún
ejercicio presupuestario alcanzó el 7%, el balance del trabajo
ministerial de Singh puede calificarse de regular, si bien
asentó un nuevo modelo social-liberal más allá del cual sólo
cabía el neoliberalismo.
Precisamente, las propuestas liberales constituían una de las
banderas de campaña del principal grupo de la oposición, el
conservador y nacionalista Partido Popular Indio (Bharatiya
Janata Party, BJP), el cual se adjudicó la mayoría simple en las
elecciones generales de abril y mayo de 1996. El 16 de mayo
Singh cesó en el Ejecutivo con la toma de posesión del gabinete
de coalición presidido por el líder del BJP, Atal Bihari
Vajpayee.
A la sazón, este Gobierno resultó efímero, ya que el flamante
primer ministro no pudo reunir los votos necesarios para ganar
la confianza en el Lok Sabha o Cámara del Pueblo (baja) del
Parlamento y el 1 de junio optó por traspasar el testigo al
Frente Nacional en la persona de Haradanahalli Dodde Deve Gowda,
del JD, quien compuso un ejecutivo aún más precario pero que
tenía la vida asegurada hasta que el INC decidiera dejarlo caer
en el Parlamento y no hubiera otro remedio que convocar otra
cita en las urnas, cosa que ciertamente sucedió en noviembre de
1997 cuando el primer ministro era Inder Kumar Gujral.
Singh permaneció activo en la política nacional desde su escaño
en el Rajya Sabha, y hasta el final de la legislatura presidió
el Comité Permanente de Comercio de la cámara. En febrero y
marzo de 1998 se celebraron nuevas elecciones generales y el BJP
y sus aliados, agrupados como Alianza Democrática Nacional (NDA),
subieron posiciones hasta acariciar la mayoría absoluta,
poniendo en bandeja a Vajpayee su retorno a la jefatura del
Gobierno. El 21 de marzo de 1998, con la constitución del Rajya
Sabha electo, Singh se estrenó en la función de líder de la
bancada del INC, compuesta por 141 diputados electos, y como tal
iba a fungir en los seis años siguientes.
La carrera política de Singh estaba en ascenso, pero en su
historial faltaba un mandato popular directo. Así, de cara a las
elecciones anticipadas de septiembre de 1999 lanzó su envite por
un escaño en el Lok Sabha, el corazón de la democracia
parlamentaria india. Aunque se presentó por la circunscripción
de Delhi Sur, donde se suponía que los electores de clase media
iban a premiarle por haber estimulado con sus políticas
ministeriales una relativa prosperidad de la que ellos habían
sido partícipes, el ex ministro no salió elegido. El partido
sólo fue capaz de meter 112 diputados y encajó un desastre
histórico.
En diciembre de 2000 Singh retomó la actividad internacional con
motivo de su nombramiento por el secretario general de la ONU,
Kofi Annan, para formar parte del Grupo de Personas Eminentes
encargadas de asesorarle en asuntos de ayuda al desarrollo. Con
su proyección de tecnócrata un tanto aburrido, pero honesto y
eficiente, a cuestas, Singh se aseguró un puesto señero en
ulteriores proscenios políticos dominados por el INC
introduciéndose en el círculo personal de Sonia Gandhi, viuda de
Rajiv y presidenta del partido desde marzo de 1998, cuando, con
patente reluctancia por su parte, esta italiana de nacimiento y
militante con carnet desde hacía solamente un año se sometió a
las presiones de los cuadros congresistas que deseaban revivir
la dinastía política Nehru-Gandhi como el gancho electoral capaz
de sacar al INC de la siempre ingrata oposición.
En la campaña de las elecciones generales anticipadas del 20 de
abril (prolongadas con rondas los días 26 de abril, 5 de mayo y
10 de mayo) de 2004, Gandhi colocó a Singh en la primera fila de
su plantel de colaboradores en calidad de asesor, por delante de
verdaderos dirigentes del partido y sacando beneficio de su
imagen positiva de hombre intachable en la conducta personal,
ajeno a los cabildeos de la política interna del INC y capaz de
suscitar consensos.
Contra todo pronóstico, en los comicios el INC y sus aliados
batieron por mayoría simple a la NDA que capitaneaba el BJP, el
cual, por tanto, fracasó en su estrategia de distanciarse de las
actitudes del extremismo nacionalista hindú -más sosegado que en
el pasado reciente- y de explayarse en los éxitos
macroeconómicos y desarrollistas de su gestión, que, sublimados
en la consigna La India que brilla, acuñada por Vajpayee,
incluían un ritmo de crecimiento del PIB del 7% en 2003 y la
previsión de otro tanto para 2004, la explosión de las
inversiones industriales y de servicios en los sectores de la
informática y las telecomunicaciones, una inflación domeñada al
4% anual, la obtención de un excedente comercial y la elevación
de las reservas de divisas a un nivel más que holgado.
Además, el Gobierno de Vajpayee insistía en que había conseguido
una disminución real de la pobreza, afirmación que era tachada
de demagógica por el INC y la oposición de izquierdas. Sin
embargo, decenas de millones de ciudadanos que subsistían con un
nivel de ingresos inferior al dólar diario, luego pobres de
solemnidad, entendían que el boom económico no había aliviado su
miseria un ápice, generando un sentimiento de frustración que
dio lugar a un fuerte corrimiento de votos hacia el partido de
Singh y Gandhi. Según la mayoría de los estudios de ONG y
organismos internacionales, todavía la cuarta parte de la
población, esto es, más de 250 millones de personas, vive bajo
el umbral de la pobreza.
Completados el complejo proceso electoral y el laborioso
escrutinio en la democracia más populosa del mundo (671 millones
de electores, de los cuales ejercieron su derecho al voto 390
millones, luego la participación se situó en el 58%), resultó
que el INC y sus 15 socios se hicieron con el 34,6% de los
sufragios, lo que les dio derecho a 220 de los 545 escaños del
Lok Sabha. La NDA recibió 185 actas, correspondientes al 34,8%
de los votos. El INC, con el 26,2% de cuota y 145 diputados, se
destacó nítidamente como la lista más votada y, conforme a la
norma parlamentaria, obtuvo el primer turno en el intento de
formar el nuevo Ejecutivo, que no podía ser sino de coalición.
Naturalmente, todas las miradas se tornaron a Gandhi, que
aparecía como la primera ministra in péctore y que de hecho
emprendió los primeros movimientos como tal tan pronto como
Vajpayee, el 13 de mayo, presentó la dimisión. Sin embargo, el
18 de mayo, en una decisión del todo inesperada, la dirigente
anunció a sus camaradas diputados que "humildemente" declinaba
asumir la jefatura del Gobierno con las explicaciones de que "el
poder en sí nunca me ha atraído" y que "el puesto de primer
ministro no es mi objetivo".
Los observadores valoraron este afloramiento de la timidez
política de Gandhi como una prudente toma en consideración de
las violentas expresiones de rechazo en los medios hinduistas
más intransigentes a que una mujer de origen extranjero y
bautizada en la fe católica ocupara la suprema magistratura de
la nación, no teniendo ningún inconveniente el BJP en atizar la
polémica incluso antes de las elecciones.
Este súbito vacío, más el desplome de la Bolsa de Bombay por la
incertidumbre de los inversores sobre el rumbo económico que iba
a tomar el Gobierno congresista, si de continuidad o bien hacia
la izquierda, convirtieron de inmediato a Singh en el único
recambio viable. Tan sólo horas después de tener que salir a
aquietar los ánimos en los mercados asegurando que su partido
iba a apostar por las políticas de estabilidad y crecimiento
generadoras de ahorro e inversiones, Singh, a instancias de
Gandhi, fue propuesto por el INC como su candidato a primer
ministro.
El mismo día, 19 de mayo, el presidente de la República, A. P.
J. Abdul Kalam (a la sazón, tampoco hindú, sino musulmán),
encargó formalmente a Singh la formación del Gobierno. El día 22
el reparto de carteras estuvo finiquitado y el flamante jefe del
Ejecutivo y sus 67 ministros del Gabinete y de Estado prestaron
juramento de sus puestos, siete de los cuales correspondieron a
mujeres. La coalición de minoría recibió el nombre genérico de
Alianza Progresista Unida (UPA) y agrupó a nueve partidos.
Además de notorios barones del INC, que en conjunto se aseguró
18 de los 28 ministerios con cartera, obtuvieron representación
el Partido Nacional Popular (Rashtriya Janata Dal, RJD, segunda
formación en escaños, aunque a mucha distancia del INC, en el
seno de la alianza ahora oficialista), el Partido Nacionalista
del Congreso (NCP), el Lok Janshakti Party (LJP), el Dravida
Munnetra Kazhagam (DMK, regionalistas tamiles), el Pattali
Makkal Katchi (PMK, regionalistas tamiles), el Jharkhand Mukti
Morcha (JMM, regionalistas de Bihar), el Telengana Rashtra
Samithi (TRS) y la Unión India-Liga Musulmana (IUML, musulmanes
laicos). Contrariamente a lo esperado, Singh no se reservó para
sí mismo la cartera de Finanzas.
Aunque parecía evidente que Singh, para asegurarse la mayoría
absoluta en el Parlamento, iba a tener que pactar con los dos
partidos comunistas más potentes, en especial, el de definición
marxista, con 43 escaños (eventualmente, ambas formaciones
podrían exigir formar parte de la coalición oficialista o bien
la cesión de puestos de mando en el Legislativo), su asunción
fue acogida positivamente en las esferas económicas y en los
medios gubernamentales del extranjero. Dentro y fuera de India,
prácticamente nadie dudaba de sus habilidades como economista y
administrador, pero sobre su capacidad como estratega político
-virtud fundamental en el atomizado y volátil sistema de
partidos del país asiático- y sus dotes de liderazgo,
permanecían ciertas dudas.
El nuevo primer ministro ha reiterado que va a desarrollar una
política macroeconómica responsable y a delimitar el marco de
las privatizaciones, preservando la titularidad pública de los
bancos estatales y de empresas estratégicas como las de
hidrocarburos, y de cualesquiera que generen beneficios, así
como apostando más bien por la modernización de las compañías
frente a su enajenación en aras de la mera búsqueda de ingresos.
También, ha propuesto para India un "crecimiento con rostro
humano" que apueste decididamente por la creación de empleo,
atienda las necesidades del agro (el 60% de la fuerza laboral es
campesina y las cosechas aportan el 24% del PIB, casi tanto como
las industrias) y combata la pertinaz pobreza, que en términos
absolutos -no tanto en términos relativos, si se comparan los
índices con los de otros países menos desarrollados- sigue
siendo colosal.
Singh también se ha comprometido a impulsar la convivencia
pacífica con Pakistán -donde la clase política y los medios
periodísticos han saludado con grandes expectativas su
nombramiento- y a adoptar pasos decisivos para enterrar una
enemistad histórica que en los años recientes, espoleada por la
escalada nuclear de 1998 y atizada siempre por la disputa
territorial de la dividida Cachemira, donde combaten el Ejército
indio y una pléyade de grupos separatistas, propakistaníes e
islamistas, ha dado lugar a picos de tensión de cariz prebélico.
Luego Singh retomará, y cabe afirmar que afianzará, la línea de
diálogo y distensión ya abierta por Vajpayee meses atrás con las
autoridades de Islamabad.
Incluso antes de su toma de posesión, Singh se ha esforzado en
alentar la impresión de que los años tenebrosos de las
violencias sectarias han quedado atrás en India. En su llamada a
la convivencia armónica de comunidades y religiones, el sij cuyo
salto a la presidencia del Gobierno debería simbolizar la
reconciliación definitiva entre los miembros de su comunidad y
la mayoría hindú, todos los cuales mantienen fresca en la
memoria los terribles pogromos de 1984, Singh se refirió sobre
todo a las matanzas y atentados registrados en el estado de
Gujarat a lo largo de 2002, que provocaron muchos cientos de
muertos, musulmanes en su mayoría, y que escribieron el enésimo
capítulo de una sangrienta crónica de incidentes arrancada en
diciembre 1992 con la destrucción por hindúes fanáticos de la
mezquita Babri de Ayodhya, en Uttar Pradesh, en el lugar exacto
donde la tradición hindú establece la presencia hasta el s-XVI
de un templo consagrado al mítico dios-rey Rama.
Manmohan Singh, casado y con tres hijos, está en posesión de un
nutrido elenco de premios y galardones en reconocimiento a sus
méritos académicos y políticos, amén de una quincena de
doctorados honoríficos otorgados por universidades indias,
americanas y europeas. |