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Émile Geamil Lahoud, nació en Beirut , 12 de Enero de 1936.
Perteneciente a una familia cristiana maronita procedente de
Baabdat, en la región de Metn, su padre, el general Jamil Lahoud,
participó en los años cuarenta en la lucha por la independencia
de Francia y en los sesenta fue diputado y ministro. En 1956,
tras completar sus estudios secundarios en el Broummana High
School, administrado por británicos, estudió durante unos meses
tecnología militar en la Escuela para oficiales de Líbano y como
cadete de marina prosiguió su formación castrense en la Academia
de la Armada Real Británica en Dartmouth.
Con el grado de teniente, regresó a su país en julio de 1958
abordo de uno de los barcos norteamericanos enviados en ayuda
del presidente Camille Chamoun, enfrentado a serios disturbios
intercomunales. En 1959 recibió el despacho de alférez y entró
al servicio de la Armada en la base naval de Beirut como
ingeniero naval y como oficial de una unidad de desembarco. En
1962 ascendió a teniente de navío y en 1966 a comandante de la
II División Naval, puesto que desempeñó hasta 1967 para ponerse
al frente de la I División Naval.
En 1970 fue nombrado jefe de la sección de transportes de la IV
División del Ejército y desde 1973 sirvió a las órdenes del su
entonces comandante en jefe, general Iskandar Ghanem, en calidad
de responsable de su estado mayor de personal. Con el rango de
comandante del Ejército desde 1976, en 1979 inició un cursillo
anual de capacitación en Rhode Island, Estados Unidos,
continuación del realizado en 1972-1973. En 1980, con el grado
de capitán, asumió el puesto de jefe de personal en el Cuartel
General del Ejército, desde 1983 dirigió la Oficina Militar del
Ministerio de Defensa y en 1986 asistió a un cursillo sobre
armamento nuclear, biológico y químico.
Su neutralidad durante la guerra civil que desangró al país en
los años ochenta, cuando el Ejército se desintegró de hecho ante
la violencia sectaria de las múltiples y poderosas guerrillas,
le aparejó el respeto general. A raíz de los acuerdos de paz de
Ta'if, el 28 de noviembre de 1989 el nuevo presidente, Elías
Harawi, le promovió a comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Como tal, Lahoud trabajó en favor de un ejército nacional,
unificado y esencialmente apolítico, para lo que reestructuró
las unidades y les confirió un componente intercomunal. Esta
reforma contribuyó a la empresa de reconstruir el devastado
país, si bien atendió siempre a los intereses de Siria, que
mantenía y mantiene en el país un contingente de 35.000 soldados
por mutuos intereses de seguridad.
Así, cuando en octubre de 1990 el Ejército sirio aplastó la
disidencia del general cristiano Michel Aoun (como ministro de
Defensa, su antiguo superior), trayendo la paz definitiva a
Beirut tras quince años de luchas, los soldados gubernamentales
a las órdenes de Lahoud participaron en las operaciones. De
igual manera, en los años siguientes el ejército libanés se
inhibió de los sucesos en el sur del país, escenario de
enfrentamientos entre Israel y la guerrilla musulmana shií del
Partido de Dios (Hezbollah), aunque en el resto del territorio
nacional Lahoud supo imponer el orden y la autoridad de las
Fuerzas Armadas.
Con el visto bueno del presidente sirio Hafez al-Assad, sabedor
que su figura suscitaba las simpatías de Estados Unidos y el
mundo árabe en general, la candidatura de Lahoud para suceder a
Harawi se sometió a la Asamblea de Representantes el 15 de
octubre de 1998 y fue aprobada por unanimidad, con la abstención
de los diez diputados del partido druso de Walid Jumblatt, él
mismo declarado candidato al puesto y contrario a que un militar
encabezara una democracia. Dos días atrás la cámara había
enmendado la Constitución de 1990 (a su vez una revisión de los
textos de 1926 y 1943), que prohibía a todo funcionario del
Estado acceder a la presidencia si no llevaba al menos dos años
fuera de sus funciones.
El 24 de noviembre Lahoud tomó posesión como undécimo presidente
de la República Libanesa para los próximos seis años, siguiendo
la costumbre constitucional vigente desde la independencia en
1943, por la que el presidente de la República es un cristiano
maronita, el primer ministro un musulmán sunní y el presidente
de la Asamblea un musulmán shií. Este equilibrio confesional en
el reparto de poderes, que también afecta a la Asamblea (donde
los diputados se dividen equitativamente entre cristianos y
musulmanes), está previsto en los acuerdos de Ta'if en el marco
de un largo proceso de reforma institucional, que deberá
culminar con la remoción de todo sectarismo religioso del
sistema político.
La elección del muy popular Lahoud generó optimismo y
expectación en la sociedad libanesa, para la que su reputación
de hombre honesto y reacio a fastos y ostentaciones le convertía
en el más adecuado para reconducir la administración y la
economía por unos derroteros más racionales y transparentes. En
sus primeras alocuciones Lahoud prometió combatir los
sectarismos, extender el imperio de la ley, reforzar la sociedad
civil y las instituciones democráticas y acabar con el desorden
en la gestión de las finanzas públicas y la corrupción, que con
niveles preocupantes habían caracterizado al Gobierno de Harawi.
En materia exterior, garantizó la continuidad: relaciones
estrechas con Siria y disposición a hacer la paz con Israel,
condicionada a su retirada de la franja de 15 km de profundidad
en el extremo sur del país, establecida en 1985 como residuo de
la ocupación militar comenzada con la invasión de 1982.
Lahoud confirmó sus pretensiones de fortalecer el control
estatal sobre todo el territorio nacional. Por un lado, entre el
31 de diciembre de 1999 y el 4 de enero de 2000 el Ejército
realizó una operación en una localidad cercana a Trípoli contra
la milicia extremista sunní Tafkir u al-Hijra (Redención y
Amanecer del Islam), grupo presumiblemente relacionado con los
Hermanos Musulmanes (que a su vez son mortales enemigos del
régimen sirio), resultando muertas un total de 38 personas. En
segundo lugar, el anuncio hecho por el Gobierno israelí el 5 de
marzo de 2000 de su retirada del sur del Líbano, planteó el reto
de cómo extender el control efectivo de la autoridad central sin
disolver, de momento, a la guerrilla de Hezbollah, aunque Lahoud
no aceptó contrapartidas a una evacuación que siempre fue
exigida por el Consejo de Seguridad de la ONU.
El Ejército israelí se replegó con suma rapidez los días 23 y 24
de mayo y a continuación Lahoud inició conversaciones con la ONU
para establecer el área desmilitarizada en la que habrían de
desplegarse los cascos azules de la Fuerza Interina (FINUL),
presente desde 1978, al cabo de la primera invasión israelí de
Líbano, que se detuvo en río Litani. El 29 de julio se llegó a
un acuerdo y desde el día siguiente los efectivos de la ONU
tomaron posiciones en diversas aldeas de la frontera. El 5 de
agosto la FINUL completó sus operaciones, convirtiéndose por
primera vez en la fuerza de interposición tal como el Consejo de
Seguridad de la ONU la había concebid en su resolución 425 de
1978, y el día 9 el Ejército libanés comenzó a patrullar el sur
del país.
El desarme y sometimiento de Hezbollah pareció quedar descartado
a corto o medio plazo, no tanto por sus advertencias de que
continuaría atacando territorio israelí en tanto no se liberasen
los territorios ocupados en Cisjordania, como por constituir la
guerrilla un poderoso elemento de presión de Siria a la hora de
negociar un acuerdo de paz con el Estado judío. De hecho, el
mandatario libanés comunicó a la ONU que Beirut no garantizaría
la seguridad de la frontera líbano-israelí mientras el Estado
judío no llegase a acuerdos definitivos con Siria sobre la
devolución de los Altos del Golán invadidos en 1967 y
anexionados de hecho en 1981, y con la Autoridad Nacional
Palestina (ANP) sobre el retorno de los refugiados, 350.000 de
los cuales seguían en Líbano.
Toda vez que las perspectivas de paz entre el ente autónomo
dirigido por Yasser Arafat e Israel volaron por los aires con el
estallido, en septiembre de 2000, de la segunda intifada
palestina, el horizonte de un arreglo sobre la frontera sur de
Líbano se alejó irremisiblemente. Lahoud asistió impávido al
grave deterioro de la seguridad en la zona, ya que Hezbollah
lanzó nuevas agresiones contra la Galilea israelí como expresión
de solidaridad con los palestinos.
El 30 de noviembre de 1998 el primer ministro Rafiq Hariri, que
había gozado de amplio margen de maniobra con Harawi para
dirigir la reconstrucción económica del país y había realizado
una gestión muy controvertida, rechazó el ofrecimiento de Lahoud
para que siguiera en el cargo. Se hizo notar la incompatibilidad
entre ambos dirigentes, pues Lahoud aspiraba a supervisar más
directamente las reformas económicas y a erradicar las prácticas
corruptas del seno del Gobierno. El 2 de diciembre nombró para
presidirlo al veterano ex primer ministro Selim Hoss.
Sin embargo, las elecciones legislativas del 27 de agosto y 3 de
septiembre de 2000 supusieron un fortísimo varapalo para los
candidatos oficialistas. Pese al boicot practicado por los
principales partidos cristianos, la mayoría de los escaños
fueron a parar a las listas opositoras multiconfesionales de
Hariri y Jumblatt, y a la del shií Nabih Berri, que aunó a su
partido Amal (prosirio) y a Hezbollah. 18 de los 19 escaños de
Beirut fueron ganados por el archipopular Hariri, humillando a
Hoss. Así las cosas, Lahoud no tuvo otro remedio que nombrarle
de nuevo primer ministro el 23 de octubre. |